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Drottningholm (por Jorge Sánchez)

Recordaré siempre mi visita al Palacio de Drottningholm porque ese mismo día también visité Skogskyrkogården, o dos sitios UNESCO en un mismo día, uno por la mañana y otro por la tarde, cosa que jamas antes había hecho. Y es que Estocolmo, al igual que Moscu, Londres, Beijing y otras capitales de países, albergan tres o más Patrimonios Mundiales.

Se puede llegar al Palacio de Drottningholm, localizado en una isla, en barco desde el centro de Estocolmo, o bien en coche, que fue mi caso, pues me invitó un amigo mío sueco. Empleé unas cuatro horas en visitar todo como Dios manda, las dos plantas del palacio con sus pinturas y tesoros, la iglesia, más el teatro del siglo XVII, que es una pequeña joya y aún funciona utilizando medios antiguos, como efectos para reproducir sonidos de olas y de tormentas. Luego, a unos 15 minutos a pie a través de los jardines, se llega al Pabellón chino, de estilo rococó. No fui afortunado pues según mi amigo sueco los reyes de Suecia se pasean a veces por los jardines de su palacio y se relacionan con los turistas, sobre todo con los chinos, ya que son muy accesibles y amables, pero el día de mi visita estaban ausentes por haberse desplazado a otra ciudad y no los pude ver.

Ese palacio se considera de los más bellos del norte de Europa y está inspirado en el de Versalles. Junto al palacio hay un restaurante típico sueco muy coqueto y con camareras bellísimas. Eso sí, con precios egregios, pero por suerte, los bocadillos de mortadela estaban de oferta, y fue lo que me comí junto a una buena cerveza para acompañar. Tras este refrigerio nos dirigimos en coche al segundo sitio UNESCO: el cementerio del bosque, o Skogskyrkogården, que me dejó boquiabierto por su follaje.