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Durham (por Jorge Sánchez)

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El billete de autobús para recorrer los aproximadamente 40 kilómetros que distan entre Newcastle upon Tyne y Durham, me costó sólo 6 libras esterlinas.
La estación de autobuses estaba localizada sobre una colina. Desde ella se advertía enfrente, en la cima de otra colina cercana, la majestuosa vista del castillo más la catedral de Durham, a orillas del río Wear.

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Descendí una colina y ascendí la otra. De pronto me encontré en una plaza con monumentos sólidos, poderosos, regios; me pareció que todo el conjunto era más bien militar, defensivo, y su aspecto era inexpugnable. Un signo de UNESCO me indicaba que me hallaba ante un Patrimonio de la Humanidad (World Heritage Site). La Oficina de Turismo también se encontraba allí en esa plaza, y en su anuncio lucía otro emblema de UNESCO.
Entré en el castillo, pero a los pocos minutos un portero me advirtió muy amablemente que la entrada era de pago, exactamente 7 libras. Retrocedí hasta la entrada; no estaba para pagar ese dinero.

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El ingreso a la catedral era gratuito. Justo iba a comenzar un servicio religioso, lo que deduje al oír el sonido de campanas. Junto al altar una joven sacerdotisa le estaba tocando las campanas al cura. Hablé con ellos dos y me permitieron hacer fotos en el interior, a la nave, el órgano, las vidrieras y la capilla custodiando el cadáver incorrupto de San Cuthbert, el mayor santo del norte de Inglaterra, según afirmaba un letrero (the greatest saint of the North of England). Aunque San Cuthbert había nacido el siglo VII en una isla del norte de Inglaterra, por temor al ataque y saqueo de los vikingos fue trasladado a Durham.

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Cuando llegaron los feligreses me incorporé al servicio. Entre los asistentes había peregrinos. Supe entonces que esa catedral era meta final de peregrinajes.
Al acabar la misa me recreé aún por un tiempo por el centro de la ciudad de Durham, tras lo cual subí a la colina de la estación de autobuses para dirigirme a otro sitio UNESCO: Canterbury.