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El Escorial (por Jorge Sánchez)

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La primera vez que visité el Monasterio de El Escorial lo hice como turista. Era incauto, tenía sólo 20 años y en Madrid compré un tour con todo incluido a El Escorial más el Valle de los Caídos por poco más de 1.000 pesetas.
Posteriormente volvería más veces a esos dos sitios, no menos de veinte, pero siempre por mi cuenta y, con frecuencia, con amigos extranjeros, que fueron los que me dieron las fotos que aquí adjunto.

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La primera vez el exterior del monasterio me pareció austero, no podía imaginar entonces que el interior de ese colosal edificio de aspecto sobrio en forma de parrilla contuviera maravillas que están más allá de la imaginación.
Nuestro guía, incluido en el tour, era un hombre enjuto, muy mayor, caminando con ayuda de un bastón, que trataba de impresionar a los turistas de nuestro grupo contándonos la cantidad exacta de habitaciones, puertas y ventanas que había en ese monasterio.

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Durante unas 3 horas visitamos, en compañía del guía, todo lo más remarcable (a excepción del monasterio en sí pues estaba habitado por monjes), desde los pasillos con las habitaciones, incluida la cama de Felipe II, hasta la Basílica, la Sala de las Batallas mostrando las victorias de las tropas españolas, siendo una de ellas la de San Quintín (que motivó la erección del monasterio), el Panteón, la fantástica Biblioteca con sus manuscritos iluminados, mapas antiguos y los Libros de Horas, los jardines de los frailes, el museo albergando pinturas de artistas tan sobresalientes como El Greco, José de Ribera, Tiziano, Zurbarán, El Bosco, Tintoretto, Paolo Veronese… además de otros tesoros. Aquello era asombroso, prodigioso, entrañable para un español, uno sentía que ese monasterio albergaba el alma de España.
Además de la Sala de las Batallas y la Biblioteca, lo que más me cautivó fue el Crucifijo de mármol de Carrara, obra de Benvenuto Cellini, la tumba de don Juan de Austria en el Panteón de los Infantes, más algunos frescos de Luca Giordano.

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Considero el Monasterio de El Escorial el Patrimonio de la Humanidad español más extraordinario.
Tras el Monasterio de El Escorial el chófer nos condujo a pocos kilómetros de allí para visitar la Abadía Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Desde la lejanía ya se observaba la cruz monumental, de 150 metros de altura. Pero este impactante lugar no está incluido en el Patrimonio de la Humanidad junto a El Escorial.

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