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Fortalezas abaluartadas de la frontera (por Jorge Sánchez)

Conozco bien tres de las cuatro fortalezas abaluartadas de la frontera que comprende este candidato a devenir en el futuro un sitio UNESCO: la de Pamplona (Navarra), la de Jaca (Aragón), y la de Ciudad Rodrigo (Castilla-León). El Castillo de San Fernando, en Figueras (Cataluña), lo he visto de lejos, pero nunca he entrado en él. Las dos primeras fortalezas fueron mandadas construir por Felipe II; el castillo de Figueras se erigiría por órdenes de Fernando VI, mientras que la fortaleza de Ciudad Rodrigo, con murallas y castillo, se edificó en los tiempos de Fernando II de León.

En mi opinión, la fortaleza abaluartada más seductora de todas es la de Ciudad Rodrigo, al menos es la que conozco mejor por haber estado varias veces, llegando en una ocasión a pasar la noche en un hostal en el interior de su ciudadela. Cuando llegué en autobús a Ciudad Rodrigo me apercibí que había a pocos metros una entrada a la muralla, y justo al traspasarla me encontré con la catedral de Santa María, de estilo románico (que estaba cerrada y no pude visitar). A cada paso me tropezaba con algún lugar interesante, como el castillo (hoy Parador Nacional), palacios, iglesias y conventos, plazas y callejuelas entrañables con árboles habitados por cigüeñas. A pesar de lo pequeña, Ciudad Rodrigo estaba preñada de monumentos históricos. Desde las murallas, de más de 2 kilómetros de perímetro, se divisaba más abajo un antiguo puente de piedra sobre el río Águeda.

Según me informaron en la Oficina de Turismo, durante la invasión napoleónica de España, los franceses ocuparon Ciudad Rodrigo, pero fueron expulsados por los soldados comandados por el general británico Wellington, por lo que, en agradecimiento, las autoridades españolas le otorgaron el título de Duque de Ciudad Rodrigo. No me cansaba de corretear y seguir el perímetro de las murallas una y otra vez, de lo complacido que me sentía, hasta que al caer la noche entré en un supermercado y me compré un bocadillo de mortadela que me llevé al hostal para cenar. Por la mañana crucé la frontera y entré en Portugal para visitar la Universidad de Coimbra, un Patrimonio Mundial de UNESCO.

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