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Fuerte Jesús (por Jorge Sánchez)

Llegué a Mombasa desde Arusha, en Tanzania, en un autobús relleno con indígenas Masai. Debido a los traqueteos del autobús debía ir con mucho cuidado para que los Masai, inadvertidamente, no me clavaran sus lanzas en una pierna. Atravesamos el Parque Nacional Tsavo. Comenzaba a ver animales, como cebras, jirafas y numerosos monos. Mombasa es una isla unida al continente por diversos puentes. En el pasado fue un mercado de esclavos, de especias, de cuernos de rinoceronte y colmillos de elefante. Noté en una avenida principal una especie de arco en forma de colmillos de elefante. Me alojé en el gurdwara sikh, gratuitamente, ya que iba con poco dinero.

Mi primera visita fue al Fuerte Jesús, construido por los portugueses en el siglo XVI por orden del rey español Felipe II (Felipe I para Portugal). En la entrada intentaron hacerme pagar ya que han convertido el fuerte en museo, pero alegué que era celtíbero, por lo tanto medio portugués, y me dejaron entrar sin comprar el boleto. Durante dos horas visité todo el complejo, incluso las celdas de los tiempos cuando los ingleses utilizaron el fuerte como prisión. Subí a las almenas para disfrutar de las bellas vistas. Realmente, la situación estratégica de ese fuerte era inmejorable.

Ese fuerte no sería el único atractivo turístico de Mombasa. A pocos kilómetros, en Malindi, descubriría un padrão culminado con una cruz, que fue colocado allí por orden de Vasco de Gama. Y justo al lado había una capilla con un letrero que decía que el navarro Francisco Javier había enterrado a varios soldados portugueses tras ofrecerles una misa de réquiem. Encontré muchos extranjeros en Malindi, más que en Mombasa, y ello era debido a sus playas. El tercer día me despedí de los hospitalarios sikhs y viajé en tren a Nairobi, ciudad que me gustaría menos que Mombasa.

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