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Garajonay (por Jorge Sánchez)

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Visité este extraordinario Parque Nacional en diciembre del 2012, no en sus mejores momentos pues en agosto de ese mismo año había sufrido un incendio fatídico, lo que se consideró una gran tragedia para los amantes de la naturaleza.

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En San Sebastián de la Gomera, donde estaba alojado, abordé un autobús hasta la parada Pajaritos, y de allí comencé a caminar. Primero realicé en 6 horas la Gran Ruta Circular. La caminata por los senderos es suave, y si tardé tantas horas fue porque me recreé en el follaje (iba acompañado de mi novia, que no está acostumbrada a hacer senderismo), pues se puede realizar en menos tiempo.
Durante nuestra visita el parque no se había recuperado, aunque noté brotes verdes por todas partes y el bosque volvía a ser poderoso poco a poco.

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Lo recorrimos por completo, todas las variantes. Había letreros con el signo de UNESCO que te ayudaban.
Observamos pinos y cedros, hasta una capilla católica en medio de la maleza, además de un restaurante muy popular, pues estaba lleno de canarios comiendo con fruición platos típicos.
Hay que detenerse en el Mirador del Alto Garajonay, pues era un lugar sagrado de los Guanches, ya que allí realizaban ritos paganos.

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Lo único que no aconsejaría (aunque nosotros lo hicimos gozosos) fue descender por un barranco empinadísimo, con el único objetivo de ver un salto de agua (un hermano menor del Salto Ángel de Venezuela), llamado El Chorro del Cedro. Pero al llegar, el chorro era casi imperceptible. Ya no podíamos volver atrás y la bajada fue dura. Casi perdemos el último autobús desde Hermigua.
Regresamos a San Sebastián de la Gomera a las 6 de la tarde. Durante el día siguiente apenas podíamos caminar de las agujetas que teníamos de la caminata del día anterior.