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Grand-Place (por Jorge Sánchez)

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La Grande Place de Bruselas debería ser designada la plaza más bella de Europa. Ni nuestra Plaza Mayor de Salamanca, o la Piazza del Duomo en Pisa, ni siquiera la Plaza Roja de Moscú han alcanzado tan alto grado de magnificencia como la Plaza Mayor de Bruselas.
Me tomó una semana llegar a Bruselas, desde el Castello Sforzesco de Milán, usando medios locales de locomoción, como trenes y algún autobús, siguiendo el itinerario de nuestros soldados de los Tercios de Flandes dirigidos por el Duque de Alba. Estaba realizando El Camino Español.

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El séptimo día, al alcanzar Bruselas desde Namur, me dirigí en primer lugar a la Grand Place. Y es que allí, uno de sus emblemáticos edificios es La Casa del Rey (La Maison du Roi). Era mi destino, pues en su interior se halla un busto de nuestro Emperador Carlos V, que abracé como un peregrino, cual si fuera el busto del Apóstol Santiago en la ciudad de Santiago de Compostela. Y me emocioné. Ese era el fin de mi Camino Español.
Esa Casa del Rey es un museo muy interesante, que visité antes que nada. Al declararme español me hicieron un buen descuento, con lo que casi me salió gratis, y me sellaron una especie de Credencial del Camino Español que llevaba conmigo, al estilo de la Credencial del Peregrino en el Camino de Santiago. En la entrada a la planta baja había una estatua de Felipe II y más adelante vi pinturas de Roger van der Weyden, tapices, vajilla, estatuas, etc. Y en el primer piso hallé el busto metálico de Carlos V con laurel sobre su cabeza y el Toisón de Oro colgando sobre su cuello, más el lema Plus Ultra. Las Columnas de Hércules representaban la expansión hacia nuevos mundos.

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Al salir de ese museo tan entrañable para un español, entré en la Oficina de Turismo, en la misma Grand Place. Allí me informaron que existen numerosos vestigios y nombres relacionados con los españoles, desde una calle nombrada en honor de una hija de Felipe II, a cafeterías con el nombre de Carlos V y Felipe II.
También fotografié el signo de UNESCO en la pared al lado de donde se encuentra esa Oficina de Turismo.

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Al menos dos horas me tomó escudriñar cada recoveco de las aproximadamente cuarenta casas que integran la Grand Place. Los franceses, a finales del siglo XVII, bombardearon la plaza destruyendo muchos edificios emblemáticos, que ya han sido reconstruidos.
Había detalles de alquimia y numerología en esa plaza, pues los números doce y siete se repetían constantemente, además de otros signos esotéricos.

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Me tomé una cerveza Leffe Blonde en la cervecería Le Roy d’Espagne (no sé por qué escribían rey como roy, en vez de como roi), en una esquina de la Grand Place. En el interior había varios muñecos colgados en el aire, algunos de ellos vestidos como los Tercios de Flandes, con sus espadas y morriones, simbolizando uno de ellos al Duque de Alba. Dos de esos muñecos representaban a Egmont y De Horn, que Felipe II mandó ejecutar colgándolos en la Grand Place, lo que en mi opinión fue un error, pues eran héroes de España en varias guerras contra los franceses, y poseedores del Toisón de Oro.
Tras Bruselas me marché a viajar a otra parte.

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