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Ha Long (por Jorge Sánchez)

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En un café de Hanoi, llamado Sinh, compré por 20 dólares americanos una excursión a los islotes de la bahía de Ha Long, nombre que, según me dijeron, se traduce por El Dragón Descendiendo. Por ese precio me incluían el autobús ida y vuelta al puerto de Haiphong, desplazamiento en velero hasta una isla del archipiélago, estancia de dos noches en una choza, más las tres comidas diarias.
A la mañana siguiente abordamos un autobús unos treinta turistas de diversas nacionalidades que también se habían apuntado a la misma excursión, entre ellos cuatro hombres australianos jubilados, un ciclista neozelandés dando la vuelta al mundo, numerosos israelíes, chicos y chicas, que acababan de hacer el servicio militar en su país, una pareja de japoneses, unas jóvenes estadounidenses viajando cada una en solitario, dos italianos, un alemán que había viajado un año seguido por la India, tres franceses y un español (yo).

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El viaje en velero fue maravilloso e íbamos esquivando islotes rocosos; fue más bien una atracción placentera con numerosas paradas para zambullirnos en las aguas de color esmeralda, para penetrar en cuevas, visitar poblados, y para observar con deleite pagodas en la cima de algunos islotes. Ese viaje nos complació más que la estancia en la isla donde dormiríamos; todos estábamos exultantes y nos sentíamos en el paraíso.
Por las noches, tras las cenas, todos los extranjeros nos pasábamos varias horas contándonos batallitas sobre nuestros viajes, era muy didáctico aprender trucos viajeros o descubrir nuevos lugares que ignorábamos.

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La mayoría de los turistas se quedarían varios días más en ese islote y realizarían visitas a los alrededores, pero yo al tercer día regresé a Hanoi, pues apenas tenía dinero y aún me quedaba un largo viaje en trenes y autobuses de regreso hasta mi pueblo Hospitalet de Llobregat, en mi querida España. Dos franceses vinieron conmigo de vuelta a Hanoi y nos separamos una vez que alcanzamos la bella Güillín, en China. Yo me dirigí en tren a Vladivostok, via Corea del Norte, y ellos querían presenciar la entrega de Hong Kong a China. Era el año 1997.
Esa excursión a la de Bahía Ha Long fue la más bella y memorable de las que realicé en Vietnam.
Las tres fotos de papel que aquí muestro me las regalaron los turistas de esa excursión tiempo más tarde, pues yo viajaba sin cámara.