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Harrar (por Jorge Sánchez)

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Una noche abordé un tren en Addis Ababa con destino a Djibouti y por la mañana descendí en Dire Dawa, donde transbordé en un minibús hasta la otrora misteriosa y prohibida ciudad amurallada de Harar.
Harar fue la ciudad por la que tenía más expectativas antes de viajar desde Nairobi a Etiopía en camiones. Ni Lalibela, ni las Fuentes del Nilo Azul, ni los castillos portugueses de Gondar, o Axum con su Arca de la Alianza, me habían suscitado tanta pasión. Y era debido a que había leído que Richard Burton (pero no el actor de cine que se casó con la actriz Elizabeth Taylor, sino un viajero inglés del siglo XIX) había sido el primer europeo en penetrar en esa ciudad, a la que llegó a pie, desde el Mar Rojo, sin miedo, y permaneció en ella diez días.

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El minibús me dejó frente a una de las cinco entradas a la ciudad, cuyas murallas (llamadas Jugol) se hallan muy bien preservadas.
Harar es una excepción en Etiopía. En esa ciudad la población es mayoritariamente musulmana, mientras que en las del resto del país predominan los cristianos. Vi cristianos en Harar, e hice amistad con algún monje que otro en sus iglesias, pero predominaban las mezquitas, algunas de ellas databan del siglo X.

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Una de las visitas no religiosas que efectué fue a la casa/museo donde supuestamente vivió el poeta Arthur Rimbaud, pero no para componer poemas, sino para desempeñarse de traficante de armas. Subí al primer piso y me gustaron sus cristaleras.
Sin embargo no encontré ningún signo que recordara la visita de Richard Burton, el mejor viajero inglés de todos los tiempos.
Por la noche asistí a un espectáculo de hienas. Un hombre las iba llamando a gritos una a una, por su nombre, y ellas se acercaban sumisamente. El hombre repartía entre ellas trozos de carne y luego regresaban al desierto.

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Volvería en más ocasiones a Harar por otros motivos, y en cada nuevo viaje encontraba algo que me había dejado la vez anterior.
Harar es una de esas ciudades míticas en África, como Timbuktu, una ciudad que un viajero que se precie como tal debe visitar en su vida.