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Hyderabad (por Jorge Sánchez)

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El año 2000 compré en la plaza de la estación de tren de Hyderabad una excursión de un día entero a estos tres sitios candidatos a ser incluidos en la lista de UNESCO como un Patrimonio de la Humanidad. Ofrecían ese tour por un puñado de rupias y consideré que hasta me saldría más barato apuntarme a él que si intentaba ir por mi cuenta a esos tres sitios.
Eso sí, entre sitio y sitio la guía nos llevó a unas tiendas con la esperanza de que compráramos suvenires, saris de seda, perfumes, o piedras semipreciosas, pues se llevaba una comisión, pero yo no compré nada.
En el autobús seríamos unas cuarenta personas, todos ciudadanos indios, menos yo. La guía usaba simultáneamente el hindi y el inglés, pues había turistas indios del sur que no comprendían el hindi, mientras sí el inglés.
Regresé satisfecho a media tarde y pocas horas después embarqué en un tren con destino a Calcuta. Pero como no llevaba cámara no pude tomar ninguna foto.

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Regresé a Hyderabad 15 años más tarde, con cámara fotográfica, en tránsito a la comunidad hippy de Auroville, en Pondicherry, y esta vez me detuve durante unas tres horas en admirar de nuevo el precioso Charminar, palabra que significa Cuatro Minaretes. Hoy está considerado un icono más de la India, como lo es el Taj Mahal.
Todo el tiempo del que disponía lo invertí exclusivamente en Charminar. No me entraron ganas de revisitar las tumbas de los siete reyes de la Dinastía Qutb Shahi, y menos aún el fuerte Golconda.

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Me encantaban las formas del Charminar, sobre todo por la noche, cuando iluminan sus torres. Leí que databa del siglo XVI. En su primer piso se halla una mezquita. La altura de cada minarete es de 56 metros.
También entré en la mezquita vecina de Makka Masjid. Le di unas pocas rupias y piastras de backsheesh a un portero para que me cuidara los zapatos y penetré en su interior escudriñando cada rincón, admirando su arquitectura. Su interior podía albergar 10.000 fieles.

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Se llamaba Makka Masjid por haberse traído tierra de La Meca para fabricar los ladrillos con los que se construyó la mezquita.
Pero lo mejor de esa visita es que desde la mezquita la vista del Charminar era aún más esplendorosa.
Cuando llegó la hora embarqué en un tren con destino a Pondicherry.