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Iasi (por Jorge Sánchez)

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Me quedé un día y una noche en Iasi en mi camino a Comrat, la capital de Gagauzia. Tras dejar mi pequeña bolsa de viaje en un hotelito que me hizo un precio de amigo, me dediqué a recorrer la ciudad para descubrir todos sus atractivos turísticos, empezando por la Iglesia de los Tres Jerarcas, que son: Basilio el Grande, Juan Crisóstomo y Gregorio Nacianceno (también conocido por el Teólogo).
No tuve suerte pues esos días de mi visita estaban reparando sus fachadas, lo cual le restaba atractivo. Aún así pude apreciar la perfección y belleza de sus frisos.

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Me dio la impresión de que el ingreso era de pago para los extranjeros, pues advertí una nota en inglés que así lo confirmaba, pero al haber misa nadie me detuvo a la entrada, tal vez por parecer rumano, y pude de este modo participar en el servicio religioso, como un fiel más. Al concluir la mise admiré la iglesia por dentro, que me pareció bella, a pesar de que en el pasado había sufrido terremotos e incendios.

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La Iglesia de los Tres Jerarcas comprendía también un monasterio anexo. Inquirí sobre él pero no me autorizaron a visitarlo.
Cerca de esa iglesia encontré un busto de piedra dedicado a Mihai Eminescu, de quien después supe que fue un poeta rumano del siglo XIX, muy querido por la población.
Aún disponía de varias horas hasta el anochecer, que aproveché para conocer el centro entrando en una catedral católica (donde compré un cirio). No me dejé la plaza frente al Teatro Vasile Alecsandri (otro poeta del siglo XIX) con pintores callejeros que ofrecían sus pinturas, el Palacio de la Cultura con su estatua ecuestre del rey y santo Esteban el Grande (o Stefan del Mare), y aún otros sitios interesantes e iglesias de belleza sin par que me causaron admiración.
Pero he de reconocer que lo que más me sedujo de Iasi fue la Casa Dosoftei, a pesar de no estar el sitio registrado como candidato a devenir Patrimonio de la Humanidad. Estaba junto al Palacio de Cultura y su arquitectura era muy atractiva. Su interior es en la actualidad un museo de literatura antigua, pues en el pasado fue una imprenta donde se publicaron textos religiosos. Junto a ella se yergue una estatua dedicada al habitante de tal casa en el siglo XVII: Dimitrie Barila, mejor conocido como Dosoftei, que fue otro poeta rumano, además de traductor y Obispo Metropolitano de la Iglesia Ortodoxa Rumana.
La Casa de Dosoftei era una pequeña joya, tanto por fuera como por dentro y me alegré mucho de haber tropezado por ella, pues antes de viajar a Iasi ignoraba su existencia. Fue una de esas sorpresas que aguardan siempre al viajero recalcitrante.

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El día siguiente por la mañana me desplacé a la estación de autobuses de Iasi y poco después crucé la frontera con Moldavia con destino a Chisinau, transbordando a continuación en un minibús hasta Comrat, ciudad que exploraría durante dos días.

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