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Kolomenskoye (por Jorge Sánchez)

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Basado en los alrededores de la Plaza Roja de Moscú, donde dormía en el dormitorio de un hostal, tardé unos 20 minutos en llegar a esta iglesia. La parada de Metro donde descendí se llamaba Kolomenskaya y una vez en ella hube de caminar unos 10 minutos ascendiendo una colina hasta alcanzar el portal de entrada al conjunto monacal, que se llamaba Spasskie Vorota (Portal del Salvador), según un letrero, y había sido erigido en el siglo XVII.
Era mi tercera visita a ese complejo. Las otras dos anteriores habían sido en tiempos de la URSS, junto a una guía de Intourist, pero apenas recordaba nada.

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La entrada era gratuita. El sitio era enorme. A lo lejos distinguí un campanario que me intrigó, pues no recordaba haberlo visitado en los viajes pasados. Me pareció que se puede viajar 40 años sin parar y tras ello regresar a los mismos sitios, pues o bien han cambiado o uno ya no los recuerda.
Entré en la iglesia Nuestra Señora de Kazán. Era temprano y no había ningún parroquiano, sino varias señoras con la cabeza cubierta mediante un pañuelo que estaban limpiando las lámparas, más dos hombres con largas barbas que cuidaban el interior, y fueron quienes me advirtieron de no hacer fotografías a los iconos sagrados.

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Compré un cirio y lo coloqué junto a un icono representando a Jesucristo, el Salvador. Había allí enfrente dos grandes columnas pintadas con frescos. Aquello era hermoso y la intimidad que producía ese pequeño templo te mesmerizaba.
Al salir descubrí un pilón con la señal de UNESCO y le pedí al barrendero que me hiciera una foto junto a él.

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La iglesia más característica del conjunto del monasterio era la de la Ascensión. Estaba acabada en forma de pirámide. Era bella e inusual. Pero no me dejaron entrar en ella por estar en obras. Los cimientos se colocaron al nacer el niño que sería el futuro zar Iván el Terrible. Corría el siglo XVI. Poco después, ya en la era de los Romanov, se añadieron nuevas construcciones que hoy embellecen el complejo. Zares posteriores solían pasar temporadas de descanso en Kolomenskoye.
Un monumento que me agradó fue el dedicado al zar Alejandro II, agradeciéndole el haber abolido la servidumbre en Rusia.
Unas dos horas pasé en el interior de ese enorme complejo. Hacía mucho frío por lo que antes del mediodía me dirigí a pie al Metro Kolomenskaya y me marché a viajar a otra parte.