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Komodo (por Jorge Sánchez)

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No viajé solo a Komodo, sino que había acordado con un viajero estadounidense encontrarnos en Labuan Bajo, en la Isla de Flores, y así abaratar precios alquilando un barco a medias para navegar a dos islas donde viven los dragones de Komodo.

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El primer día visitamos la Isla de Komodo donde observamos muchos dragones. Aparentaban ser pacíficos, pero el guardián que nos acompañaba (está prohibido visitar los dragones sin guía), armado con un palo, nos informó que de vez en cuando muerden incluso a los guardianes, por ello hay varios de ellos que son cojos o mancos.
En el pasado, un turista distraído perteneciente a un grupo que había llegado allí en crucero, había sido devorado por varios dragones a la vez, y sólo habían dejado su sombrero. También se conocen casos de haber matado a niños y pescadores locales.

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Junto a las tiendas de los vendedores de suvenires observé cómo había un ciervo atado a una soga para que los dragones se lo comieran, y así no tuvieran necesidad de atacar a los humanos.
Aunque los dragones caminaban lentamente, cuando corren alcanzan una velocidad superior a la del hombre, por ello debíamos respetar una distancia de seguridad que nos indicaba el guía.
El segundo día viajamos a la Isla de Rinca, donde de nuevo realizamos un tour alrededor de la isla en busca de dragones. Los vimos por docenas, en medio de las sendas y a veces el macho poseía a la hembra a la vista de los demás dragones macho, sin ello causarle ningún pudor.

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En ambas islas había tiendas que ofrecían suvenires a los turistas, tales como estatuas de madera representando dragones.
Además de la emoción de sentirnos ante el lagarto más grande del mundo, alcanzando los 3 metros de longitud, las islas montañosas donde vivían eran de una belleza deslumbradora y navegar a ellas nos causó una gran satisfacción.
El tercer día me separé de mi amigo norteamericano; él voló de regreso a Pattaya y yo navegué hacia las islas de Ternate y Tidore, en las Malucas, que fueron en el pasado posesiones portuguesas y españolas, preservándose en ellas muchas huellas de estas dos nacionalidades celtíberas.

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