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La Habana (por Jorge Sánchez)

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Una de las raras veces que he viajado con un grupo programado fue para entrar en Cuba. Era el año 1983 y en esos tiempos no estaba permitido el viajar por ese país de manera individual (o al menos eso fue lo que me dijeron entonces en el Consulado de Cuba en Mérida, México). Por un precio de risa compré en Mérida un paquete turístico con un grupo de mexicanos. Todo estaba incluido, billetes de avión, hoteles, guías, comidas y excursiones. Todo a excepción de las visitas facultativas, como el espectáculo del cabaret Tropicana, el cual se debía satisfacer en dólares americanos. Y yo piqué y pagué la entrada en dólares, pero no me arrepiento pues fue extraordinario.

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La Habana seduce, es bella, a pesar de lo decrépita. No en vano ha sido elegida el año 2015 como una de las siete ciudades maravillosas (New7Wonders Cities), junto a Vigan, Beirut, Durban, Doha, La Paz y Kuala Lumpur. De estas siete ciudades, tres han sido construidas por los españoles; no está mal la proporción.
Al estar todo incluido nos llevaban a las excursiones desde la mañana a la noche y por ello tuvimos oportunidad de entrar en la catedral y en las demás iglesias de la ciudad, en los museos, en los centros sociales, en los sitios que hoy contempla UNESCO en este Patrimonio: Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, el Castillo de los tres Reyes Magos del Morro, etc.

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Un día que tocaba mostrarnos lo “bien” que viven los obreros de una fábrica, deserté y abordé de madrugada un autobús a Pinar del Río para visitar el Valle de Viñales, otro Patrimonio de la Humanidad (sería nominado como tal el año 1999).
Cuando el guía, que debía reportar mi ausencia, me preguntó por la noche dónde había estado, le dije que me había sentido cansado y me fui a la Bodeguita del Medio a tomarme un par de mojitos. Pues bien, el guía fue allí a indagar, menos mal que en la bodeguita le dijeron que no recordaban quién había estado y quién no. Y me salvé. Los empleados del Gobierno viven en Cuba bajo un régimen de terror, como en los tiempos de la URSS, siempre temiendo un castigo.

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Tras el tour mis amigos mejicanos me darían las fotos que presento de castillos y fortalezas. Yo aparezco en una de ellas junto a dos mejicanos entre cañones, en las afueras de La Habana.

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