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Lamu (por Jorge Sánchez)

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Acababa de visitar el Fuerte Jesús de Mombasa y me fijé en la Isla de Lamu como siguiente objetivo viajero.
Había oído que Lamu fue un centro hippy durante los años 60 y 70 del siglo XX, al igual que Kabul, Goa o Katmandú.
Los indios sikhs del gurdwara donde estaba alojado me aconsejaban volar para llegar a Lamu, pues por tierra era, según ellos, muy peligroso y nadie lo hacía.
Era cierto, los extranjeros con los que me encontré en Mombasa que habían visitado Lamu, todos absolutamente habían viajado, ida y vuelta, a Lamu en avión.

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Pero yo evito siempre que puedo los aviones, pues considero que volar es como hacer trampas. Quería emular a los grandes viajeros del pasado, que siempre viajaban por tierra y por mar.
Además, qué caramba, por el camino a Lamu conocería lugares interesantísimos, como Malindi, desde donde zarpó Vasco de Gama con rumbo a la India, y escala de nuestro San Francisco Javier en su viaje a Oriente. Un pedrão portugués marca en Malindi la importancia histórica para los portugueses.
Tras mi escala en Malindi me tomó dos días con una noche llegar a Lamu, casi siempre en camiones. Mi último medio de transporte fue en una embarcación de vela llamada dhow.

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En el puerto me esperaban niños para ofrecerme habitaciones a precios económicos. Todo el mundo parecía feliz en esa isla, todos sonreían, todos se tomaban la vida tranquilamente, no había ni coches, ni carreteras, ni ruido. No noté avidez por aprovecharse de los turistas o de querer venderte souvenires. Claro, a los niños del puerto les darían una pequeña propina por cliente, aunque seguramente ayudaban a algún familiar a tener huéspedes.
Me fui con un niño a una casa particular, donde me instalaron en un cuarto individual (con el lavabo compartido) por un precio muy abordable.
Apenas había turistas en Lamu; tal vez vi dos paseando por la isla durante el tercer día de mi estancia, pero ni siquiera nos saludamos. En cambio, en la Isla de Zanzíbar te encuentras turistas a cada paso.
Las gentes eran abrumadoramente musulmanas y hablaban entre ellos el swahili. Advertí casas que estaban construidas con coral y las puertas de madera estaban primorosamente talladas, como las de Zanzíbar.

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Pasé tres días en Lamu y en el transcurso de los cuales haría amistad (gracias al niño que me llevó a mi pensión) con una ex actriz y ex chica Almodóvar llamada Carmen Giralt. Me pasaba las tardes con ella en su mansión (que ella llamaba “palacio”) merendando y hablando de libros de viajes. Tenía un joven sirviente africano que nos servía los tés y los dulces.
El cuarto día me despedí de Carmen y de los amigos nativos que había hecho y volví a Mombasa, de nuevo en dhow y en camiones, para, una vez en Mombasa, abordar el famoso tren “Lunatic Express” a Nairobi, atravesando el Valle del Rift.
(Cuando muchos años más tarde me enteré del fallecimiento de Carmen en la Isla de Lamu, me sentí muy afligido).