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Los Glaciares (por Jorge Sánchez)

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Un minibús pasó por mi albergue de El Calafate a recogerme sobre las 9 de la mañana. Seríamos unos 15 turistas a bordo, casi todos de diferentes países de Hispanoamérica, excepto una pareja de madrileños y yo. Antes de llegar a nuestro destino, el glaciar de Perito Moreno, paramos junto al lago Argentino, el más austral del país, para observar los flamencos y los patos. Por el trayecto distinguimos guanacos, zorros y liebres, además de innumerables aves. Pero no vimos cóndores ni pumas.

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A la llegada al sitio nos hicieron comprar el billete de entrada al Parque Nacional Los Glaciares. Todos los turistas pagaron un precio moderado, excepto los madrileños y yo, que pagamos el doble que ellos. En los sitios UNESCO de Argentina hay tres precios de entrada: el más económico es para el nacional argentino, después está el de los nacionales de los países de Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Venezuela) y, finalmente, el billete más caro lo venden a todas las demás nacionalidades, donde incluyen la española. Por la excursión de un día a Los Glaciares, que comprendía el transporte en autobús ida y vuelta más una travesía en barco y guía acompañante, pagué 600 pesos argentinos (unos 40 euros), mientras que por la entrada al parque pagué 330 pesos (unos 22 euros) al no ser ni argentino ni ciudadano de los países de Mercosur.

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Pronto nos invitaron a abordar un barco y nos acercamos al glaciar de Perito Moreno, a pocos metros. Desde la cubierta avistamos en la lejanía un grupo de turistas que estaban realizando un trekking por el glaciar. La guía que nos acompañaba nos explicó que ese conjunto de glaciares es el tercero más grande del mundo, tras la Antártida y Groenlandia. Esa travesía en barco fue maravillosa. El tener el glaciar a tiro de piedra producía una sensación de grandeza. A veces oíamos el sonido crujiente y rugiente de pequeños fragmentos del glaciar que caían al agua. La guía nos informó que un mes atrás se había desprendido un gigantesco pedazo de ese glaciar, produciendo un estruendo tan sonoro que fue oído a varios kilómetros de distancia, fenómeno que sólo ocurre muy raramente. Tras la excursión del barco nos llevaron a una pasarela para que paseáramos por ella unas dos horas divisando a corta distancia el glaciar, el lago Argentino, más las montañas nevadas de los Andes.