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Lübeck (por Jorge Sánchez)

Lübeck es mi ciudad hanseática favorita, y no solo por sus edificios de ladrillo de estilo gótico báltico (como su iglesia de Santa María) ni por su maravillosa Puerta de Holstein, ni tampoco por sus siete torres, sino por su agradable atmósfera en su centro medieval y también por su fabrica de mazapán Niederegger, que data del año 1806, donde desayune un café con leche más un bollo de nata junto a una barra de 200 gramos de mazapán, que es tan bueno como el de Toledo, en España. En su interior había reproducciones de mazapán de todos los edificios característicos de Alemania, como la Puerta de Holstein, la de Brandeburgo, o la catedral de Munich.

Comencé mis visitas por la Puerta de Holstein, pues es lo primero que uno se encuentra al salir de la estación de tren (llegaba desde Hamburgo) y cruzar el río. Esa atractiva puerta se ha convertido en el símbolo de la ciudad, por ello le pedí a un indígena que me hiciera una foto frente a ella. La otra puerta superviviente de las cuatro que poseía Lübeck se llama Burgtor, pero no era tan impactante como la de Holstein.

Otro de los atractivos de Lübeck son sus seis almacenes de sal, construidos en ladrillo, aunque no entré en ninguno de ellos (no se si se pueden visitar) pues me contenté con admirarlos por fuera. Rodeé el perímetro de la ciudad antigua sin perderme la visita a ningún edificio interesante, y luego me concentré en el centro, junto a la plaza del mercado y la del ayuntamiento. Era muy fácil orientarse en Lübeck pues había muchas miniaturas de los monumentos más famosos. Además, en la oficina de turismo te tratan muy bien y te facilitan mapas en español.