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Lvov (por Jorge Sánchez)

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Llegué de madrugada a Lvov (también conocida como Lviv en ucraniano, Lwowie en polaco, y Lemberg en yiddish), la antigua Leópolis.
Provenía de Kiev, y por la noche proseguiría mi viaje hasta las orillas del Lago Balatón, en Hungría. Viajaba en trenes por la noche, visitaba durante el día las ciudades y maravillas naturales, y al hacerse oscuro proseguía mi viaje, y así día tras día desde Vladivostok, sin jamás coger un avión, hasta que llegué a mi pueblo natal Hospitalet de Llobregat, en mi querida España, lo que me tomó dos meses.
La estación del tren de Lvov me encantó. Era de estilo Art Nouveau, construida por polacos los primeros años del siglo XX.

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Como enseguida comprobaría, Lvov parecía una ciudad polaca, e incluso la religión predominante allí era la católica. No en vano Lvov perteneció a Polonia durante varios siglos.
Había tranvías, lo que hace una ciudad romántica, y también carros tirados por caballos. Pero no fue necesario abordarlos pues el centro histórico estaba a un tiro de piedra, y caminé todo el rato. Cuando estaba cansado me sentaba sobre un banco callejero.
Había notado que en Kharkov, Dniepropetrovsk, Donetsk, Sebastopol, Kiev, y hasta en Odessa, la lengua predominante en la calle era el ruso, sin embargo en Lvov la gente tenía preferencia por el ucraniano, que es muy fácil de comprender por su parecido con el ruso.

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No me dejé ni una de las iglesias principales de Lvov, dando preferencia a la Iglesia Dominica y monasterio, donde compré un cirio al monaguillo.
También dediqué tiempo a recorrer el barrio armenio y el judío. Había incluso placas dedicadas a Sholem Aleichem, también vi bustos y monumentos recordando a Gogol, a Mikhail Bulgakov, y a reyes varios.
Una casa muy atractiva se llamaba Casa Negra, cerca de la Plaza del Mercado, pero no pude entrar en ella y lo lamenté. Albergaba el Museo de la Historia de Lviv, pero coincidí en un día profiláctico. Databa del siglo XVI y su estilo era renacentista. Había sido construida para un recolector de impuestos italiano.

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En la plaza central vi una gran cantidad de jóvenes que se manifestaban contra el aborto. También en esa ciudad se recuerda cada año el aniversario del Holodomor en tiempos del siniestro Stalin, y el Holocausto de los judíos allí asesinados durante la Segunda Guerra Mundial.

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Como aún me faltaban varias horas para la salida de mi tren a Hungría, abordé un autobús hasta el Museo de Lviv de Arquitectura Popular y Vida Rural, en un parque llamada Shevchenko.
Allí me recreé durante varias horas visitando una reproducción de una aldea típica ucraniana, con sus murallas de madera y su iglesia, donde se celebró una ceremonia de Comunión. Como me entró hambre en ese museo, aproveché para ordenar en una de sus cafeterías al aire libre un plato de borsch acompañado por un vasito de gorilka, o un típico licor ucraniano.
Cuando llegó la hora regresé a la estación de trenes y reanudé mi viaje.

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