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Mausoleo de Nakhichevan (por Jorge Sánchez)

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Para no tener problemas al solicitar el visado de Azerbaiyán, cambié mi pasaporte en el Consulado de España en Estambul, y a continuación presenté el nuevo en el Consulado de Azerbaiyán en esa misma ciudad. El visado me fue concedido en pocas horas.
La razón del cambio de pasaportes era debido a que acababa de salir de Armenia y de Nagorno Karabakh, y si los azeríes descubrían los sellos de entrada en esos dos lugares podrían rechazarme la solicitud del visado para entrar en su país.
Abordé un autobús hasta Igdir, aún en Turquía, y un día más tarde entré en Najicheván, donde localicé un hotel económico en el centro.

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Durante casi una semana traté de descubrir el máximo de lugares notables. Mucha gente de etnia azerbaiyana pero viviendo en Irán cruzaba la frontera, a veces para volver el mismo día a su país.
Había oído que los azeríes habían destruido en Najicheván numerosos khachkar armenios que estaban incluidos en la Lista Indicativa de la UNESCO. Yo no vi ni siquiera uno de ellos durante mis cinco días de estancia, así que probablemente era verdad. Los kosovares habían hecho lo mismo con los monasterios cristianos serbios. Sin embargo, los armenios de Nagorno Karabakh no habían destruido las mezquitas de la ciudad de Shusha, como comprobé durante mi reciente visita a esa ciudad. No todos los pueblos son igual de destructivos, al menos no el armenio.

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Visité prácticamente todos los mausoleos principales de Najichevan, así como los de Karabaglar, que menciona UNESCO. Los que pude los visité por dentro, pero la mayoría sólo los contemplé desde fuera.
Un día entre los días me llevaron en autostop a una fiesta en una montaña donde los azeríes creen que se encalló el Arca de Noé tras el Diluvio Universal. Escalando unos peldaños las mujeres penetraban en una cueva y allí permanecían largo tiempo realizando encantamientos con la esperanza de quedarse embarazadas. A la salida, todas estaban sonrientes, regocijadas, y gritaban que Alá era grande. Tras un rato sus maridos lo celebraban sacrificando corderos, que acto seguido todos devoraban con fruición, cantando.

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Tras mi estancia en Najicheván continué mi viaje por los países del Cáucaso y Cercano Oriente.