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Mohenjo Daro (por Jorge Sánchez)

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Mohenjo Daro fue el primer sitio UNESCO de los seis que visitaría en Pakistán. Llegué a él en tren, desde Karachi, tras un largo viaje de 20 horas de duración a lo largo de zonas desérticas y desoladas. Atravesaba poblados y sólo notaba gente deambulando sin objetivo por las calles buscando algo que llevarse a la boca, los perros y los burros estaban esqueléticos, e incluso las vacas que vi, tan delgadas estaban que en vez de dar leche daban lástima.
Al entrar en el recinto de Mohenjo-Daro, nombre que significa en la lengua sindhi Montículo de los Hombres Muertos, me extrañó el abandono del lugar; nadie me controló, no pagué ninguna entrada (fue en el año 1988), no había guardianes; me dio la impresión de que cualquier desalmado podría entrar allí y robar alguna piedra antigua u objeto valioso.

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Había unos pocos letreros escritos en pastún e inglés, donde se indicaba que Mohenjo Daro tienen una antigüedad de 2.500 años, pero todo el complejo estaba muy abandonado, casi derruido, las paredes daban la impresión que se derrumbarían en cualquier momento; no era ese sitio muy atractivo para un visitante a menos que fuera arqueólogo, lo que no era mi caso, por ello poca atención presté a la mayoría de las piedras y paredes, con la única excepción de una estupa budista en lo alto de un pequeño promontorio. Y es que hace 2.500 años el Budismo era la religión reinante en todo el subcontinente indio, desde Afganistán a Indochina, incluyendo el Valle del Indo con la civilización que se desarrolló alrededor de Harappa (más al norte de Mohenjo Daro, adonde no iría), por ello el gran viajero chino y monje budista Xuanzang visitaría Mohenjo Daro el siglo VII de Nuestra Era durante su larguísimo viaje a la búsqueda de conocimientos budistas.

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Tras el avance del Islam en el sur de Asia, allá donde se impuso se destruyó con saña y sin piedad todo vestigio del Budismo.
Un pequeño museo a la entrada al sitio mostraba figuras de bronce y de piedra rescatadas de Mohenjo Daro, salvándolas de los saqueos de los ladrones de antigüedades.

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Pasé unas 3 horas correteando por las ruinas de Mohenjo Daro y su museo, y a continuación abordé otro tren con destino al norte, luego me serví de autobuses, y finalmente caminé varias horas, para quedarme varios días a convivir con las coloridas tribus de los Kalash, cerca de la legendaria Chitral, en la frontera con Afganistán.

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