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Montecasino (por Jorge Sánchez)

De las diez propuestas de este candidato a devenir un Patrimonio Mundial, me incliné por visitar la que por el nombre evocaba más: la abadía de Montecasino. Montecasino es célebre porque San Benito de Nursia estableció allí su primer monasterio, la fuente de la orden benedictina, en el siglo VI. Fue en él que escribió su famosa Regla.

Llegué a la estación de trenes de la ciudad de Cassino y de allí caminé al centro. Serían las 6 de la mañana. Una vez que me tomé en una cafetería un café con leche con un bollo de nata, pregunté a los locales por la abadía y me señalaron con el dedo una colina: allí en lo alto estaba. Como el primer autobús que te llevaba a la abadía salía a las 11 de la mañana y no quería gastarme el dinero en un taxi, resolví caminar hacia ella, como un peregrino. Cada media hora o así hacía un alto para apreciar el panorama. Por el camino vi cementerios, muchos cementerios y es que allí se produjo la Batalla de Montecassino en el año 1944, entre los alemanes y los aliados. Al cabo de unas dos horas alcancé el monasterio. Todavía estaba cerrado al público, pero un portero de origen africano me dejó esperar en los jardines.

Cuando llegó el vendedor de los billetes le compré uno, fui el primer visitante del día. En la entrada estaba escrito: Benedicti Numine Sancta. Visité la iglesia, el museo con sus manuscritos antiguos, pinturas y estatuas. También me sedujeron las vistas de los alrededores desde los ventanales. Al cabo de tres horas de visita me sentí satisfecho. Cuando me dispuse a regresar a pie a Cassino, un monje me recordó de la visita, paró su coche y me invitó a llevarme a la ciudad.