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Montes Rwenzori (por Jorge Sánchez)

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El apelativo de Montes de la Luna, como familiarmente se conocen los Montes Rwenzori, era tan evocativo que hallándome alojado en el templo bahai de Kampala, determiné visitarlos a pesar del poco dinero del que disponía, practicando el autostop, caminando o, cuando no tuviera más remedio, pagar un pasaje en autobús. Dormiría en los templos hindúes, preferentemente en los de los hospitalarios Sikhs, allá donde los hubiese.

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El primer día llegué a Kasese. Proseguí al siguiente a Fort Portal y cuando estaba cruzando el puente sobre la unión de las aguas entre el Lago George y el Lago Edward, conocí a unos ingleses que conducían un jeep. Se dirigían a la aldea de Bundibugyo para encontrarse con los pigmeos de la raza Batwa.
Accedieron a llevarme con ellos. Hicimos muchos rodeos, ellos no tenían prisa lo cual agradecí pues me permitió admirar ese parque nacional con cierta profundidad. Debimos atravesar territorio del Congo, pero como no había ni fronteras, ni control de agentes de emigración, no nos enteramos. Bordeamos una orilla del río Semliki, que es la frontera con el Congo, y al cruzarlo, sí que estuvimos en el Congo con toda seguridad, aunque fuera unos minutos.

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Llegamos por fin a Bundibugyo. De repente toda la población, unos sesenta pigmeos, incluyendo ancianos y niños, aparecieron sonriendo y tratando de vendernos algunos souvenires que ellos mismos confeccionaban. Todos nos pedían dinero en inglés: “give me money, give money, give me …” hasta tal punto que les bautizamos en inglés “gyvmies”, en lugar de pygmies.

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Estuvimos con ellos varias horas. El jefe del poblado se “defendía” en inglés y nos contó acerca de sus costumbres y sus habilidades de caza.
Tras esa entrañable visita nos dirigimos a Kampala, lo celebramos en un bar bebiendo cervezas y nos separamos.
Sólo lamento que mis amigos ingleses no me mandaran fotografías con los pigmeos, sino sólo de paisajes del parque nacional.