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Nalanda (por Jorge Sánchez)

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Me hallaba realizando el peregrinaje del “Astamahapratiharya”, o el visitar los ocho sitios sagrados budistas en Nepal e India. En un viaje tres décadas atrás había ya conocido los cuatro principales (el del nacimiento de Buda, su iluminación, su primer sermón y su muerte física). En noviembre del año 2014 acometí los cuatro restantes, con éxito. Además, entre los de Vaisali y Rajgir con su Pico del Buitre, añadí un noveno lugar, Nalanda, por una razón principal: en su universidad había pasado varios años de su vida mi héroe viajero, el monje chino Xuanzang, además de haber sido visitada por el propio Buda, con lo cual se debería añadir a la lista del Astamahapratiharya.

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Primero cumplí con mis deberes de turista, compré mi billete de entrada (20 veces más caro que la de indio) y durante dos horas recorrí las ruinas de la antigua universidad de Nalanda (que sería destruida por los fanáticos musulmanes), sin dejarme ninguna celda, templo, o estatua. Me encontré allí con muchos peregrinos de países budistas asiáticos, tales como ceilandeses, thailandeses, coreanos, birmanos, y hasta indios de Patna, pero no recuerdo haber visto ningún occidental.
En sus mejores tiempos esa universidad albergaba 10.000 estudiantes, de los que se cuidaban 2.000 profesores.

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Tras la visita de la universidad me sentí libre para dedicarme a conocer en cuerpo y alma, como un viajero, el Memorial dedicado a Xuanzang, sito a unos 20 minutos a pie (más bien corriendo de la emoción) de Nalanda.
Al llegar pagué el billete de entrada y recorrí por no menos de 3 horas todo el complejo, tomando fotos y notas en mi libreta de bitácora.
Xuanzang realizó un trascendente viaje desde Xian a Nalanda a la búsqueda de sutras y otros textos budistas, que se llevaría a China.
Durante su viaje, de 17 años de duración, cruzó numerosos reinos, esquivó bandidos y escapó en un sinfín de ocasiones a peligros de muerte. Viajaba en solitario, con una mano por delante y otra por detrás, tan sólo poseía una especia de “mochila” que cargaba en su espalda.

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También estaba representado Bodhidharma con su pendiente en una oreja, lo que me dio mucha alegría, pues en una misma sala estaban representados dos grandes viajeros asiáticos.
Embelesado, con los ojos húmedos, recorría la sala contemplando todos los cuadros y dibujos relacionados con el viaje de Xuanzang, con cada detalle, cada frase, cada dibujo.
Reconozco que la visita a este memorial de Xuanzang me causó más placer que la de la Universidad de Nalanda.

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