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Nancy (por Jorge Sánchez)

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Empleé medio día en explorar Nancy. Iba viajando en trenes, autobuses y en autostop siguiendo los pasos de nuestros Tercios de Flandes capitaneados por el Duque de Alba, desde el Milanesado hasta los Países Bajos, para defender la fe católica de los protestantes. Mi destino para pasar esa noche era Thionville, también en Lorena, donde se había alojado nuestro rey Carlos V.
Desde la estación del tren de Nancy pregunté a los indígenas del lugar por la famosa plaza Stanislas, y me señalaron una larga calle. La seguí hacia abajo por unos 10 minutos, hasta que la encontré.

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La plaza era hermosa, deslumbrante, tanto los edificios como el hierro forjado decorando los portales. No en vano esa plaza, mandada erigir por un rey polaco, está considerada una de las más bellas del mundo. Todo el complejo fue obra del arquitecto real, apellidado Héré, por ello el Arco de Triunfo de esa plaza lleva su nombre en su honor.
Todas las atracciones turísticas estaban localizadas alrededor de esa plaza, el Ayuntamiento, la Oficina de Turismo, y otros edificios gubernamentales.

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En el centro se erguía una estatua representando a Stanislas, un rey que los nativos de Lorena amaban por su benevolencia. Debajo del monumento se podía leer que a Stanislas se le conocía por “Le Bienfaisant”.
Su nombre completo era Estanislao I Leszczynski. Cuando perdió el trono en la confederación Rzeczpospolita (Polonia y Lituania) se refugió en el condado de Lorena.
No me dejé por visitar ninguna de las tres plazas que contempla UNESCO en ese Patrimonio, pero la más bella, y con diferencia, fue la del rey polaco Stanislas.

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Además, me dio tiempo a descubrir otros lugares notables de Nancy, como fue la catedral (estaba cerrada, por desgracia), más la estatua dedicada a Juana de Arco y la hermosa Puerta de la Craffe, con sus dos torres gemelas, donde distinguí la Cruz de Lorena.
Tras comerme un cuscús en un bar marroquí de Nancy (era un jueves, día del couscous en Francia), me dirigí a la estación del tren donde compré un billete a Metz (una ciudad que figura en la lista indicativa de UNESCO y que me atrajo más que Nancy). Tras Metz viajaría, ya de noche, a Thionville, donde pernoctaría frente al palacio donde durmió Carlos V.

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