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Odessa (por Jorge Sánchez)

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Francamente, no viajé a Odessa buscando esta estructura de edificios urbanos de los siglos XVIII y XIX. Es más, leí esta reseña de UNESCO una vez que ya estaba de regreso en casita, en mi pueblo natal Hospitalet de Llobregat.
No obstante, en mi deambular por esa ciudad durante los dos días que permanecí en ella, sí que llegué a visitar varios de los edificios que están incluidos en este candidato a devenir un Patrimonio de la Humanidad, tales como la Escalera Potemkin, el Bulevard Primorski con la estatua representando a un Duque de Richelieu, la Plaza de la Duma, el Palacio Vorontsov, el edificio de la Ópera, etc.

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Al igual que en muchas de las ciudades de la extinta URSS, también en Odesssa noté la presencia de estatuas en honor a Pushkin, o a Catalina II de Rusia (la Grande).
La ciudad era bella, original, dinámica, la más cosmopolita de Ucrania por la diversidad de sus gentes, contando con una notable población de judíos. Me gustó. Además, considero que los tranvías hacen romántica a una ciudad, como es el caso de Odessa, que está hermanada con la ciudad española de Valencia.

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En mi segundo día descubrí en la céntrica y peatonal calle Deribasovskaya una estatua metálica dedicada al fundador de la ciudad en 1794, el español José de Ribas, que llegó a ser Almirante de la Armada Rusa en los tiempos de Catalina la Grande y luchó contra los turcos en Crimea y en el sur de Ucrania. Había nacido en Nápoles cuando era una ciudad de España, y era hijo de un barcelonés que trabajaba de funcionario en la Corte Española (fue Cónsul del Reino de Nápoles) y de una madre irlandesa.

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Tras Odessa seguí mi viaje en tren con destino a la ciudad Lviv (o Lvov), la antigua Leópolis, que es por derecho propio Patrimonio de la Humanidad.