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Oporto (por Jorge Sánchez)

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Hace unos años emprendí a pie el peregrinaje del Camino de Santiago Portugués desde la bella población de Oporto.
Iba junto a unos amigos españoles. Volamos por un pequeño puñado de euros desde Barcelona a Oporto, de allí abordamos un tren al centro y encontramos alojamiento cerca de la Torre de los Clérigos, precisamente en la zona que UNESCO considera Patrimonio de la Humanidad.
La credencial del peregrino nos fue sellada en la oficina de Turismo en la explanada de la catedral, que a continuación visitamos, al igual que hicimos con otras iglesias notables junto al Barrio de la Ribera, zona que nos agradó sobremanera por sus intrincados callejones estrechos.

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Como yo ya conocía Oporto de un viaje anterior, fui el cicerone de mis compañeros peregrinos. Les conduje a visitar la Bolsa, cuyos interiores recuerdan la Alhambra de Granada, a ver la extraordinaria Iglesia de San Francisco con su interior donde se utilizaron 300 kilos de oro. Luego paseamos por las orillas del Río Duero, que los portugueses conocen como Douro. Cruzamos por el puente de Dom Luis I al otro lado de la villa, a Gaia, y allí entramos en una bodega que nos sirvió delicioso vino de Oporto.

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Les había contado a mis amigos que a los habitantes de Oporto se les conoce por Tripeiros, debido a una expedición a la conquista de Ceuta a los moros que zarpó de esa ciudad a inicios del siglo XV, y fue capitaneada por Enrique el Navegante, quien se llevó en sus barcos toda la carne de la ciudad, con lo que sólo quedaron las tripas. Los ingeniosos nativos aprendieron a cocinar de manera muy sabrosa las tripas restantes, o callos como se conocen en España, por ello nuestro almuerzo consistió en ese plato, acompañado por una botella de vino verde bien fresca. Tras ello les llevé a tomar un café de postre a una cafetería de la Belle Époque, como es Café Majestic, no muy lejos del Bairro da Ribeira.

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Por la noche disfrutamos de un espectáculo de fado junto al Duero, en un edificio histórico y entrañable que había sido en el pasado un Consulado ingles.
Había sido un día perfecto. Y por la mañana emprendimos nuestro peregrinaje a pie hacia Santiago siguiendo las flechas amarillas. Ese día llegaríamos hasta São Pedro de Rates.

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