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País dogón (por Jorge Sánchez)

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Acababa de visitar Timbuktú, adonde llegué al cabo de cinco días de navegación por el río Níger, desde Gao, y tras ello abordé otro barco en el puerto cercano a Timbuktú (Kabara) hasta Mopti, la puerta del País Dogón, travesía que me tomó dos días más. Y aún desde allí me desplacé hasta Bandiagara para admirar su falla. Fue donde hice amistad con un dogón que me invitó a pasar dos noches en la “casa” del jefe de una aldea cercana a Sangha, llamada Bananaki Kokoro.

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Como no había transporte tuvimos que ir a pie. Fueron unos 40 kilómetros los que caminamos por lo que llegamos a media tarde a Sangha.
Había allí casas como sacadas de un cuento. Era como si los niños las hubieran creado con plastilina colocándoles un cucurucho como techo. Algunas casas eran graneros para guardar el mijo. También noté pilones manchados de sangre siguiendo ritos paganos con sacrificios de animales.
Se me asignó una de esas casas de fantasía.

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A mí me había llevado al País Dogón el haber leído que sus habitantes celebraban la aparición de la estrella Sirio y, además y más sorprendente, sabían desde la antigüedad que esa estrella posee una compañera invisible es decir, Sirio es una estrella binaria. Su compañero invisible, Sirio B, se deduce por la modificación de la trayectoria de Sirio A, debido a la masa de su compañera. A Sirio A los dogones conocen como Sigui, y a Sirio B como digitaría.
Yo de inmediato colegí que los conocimientos astronómicos para averiguar este fenómeno sobre el compañero invisible de Sirio sólo podían provenir del antiguo Egipto, pero no de los dogones, pueblo que en un 80 por ciento practica el animismo (el otro 20 por ciento es musulmán) y su sistema de vida contemporánea no denotaba ser herederos de una gran civilización.

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No coincidí en los días de celebración sobre la aparición de Sirio, cuando los dogones efectúan danzas muy exóticas, pero igualmente me sentí satisfecho de mi visita, cuanto más que el Chef du Village me tomó simpatía y siempre era su huésped ante sus amigos, cuando me contaba historias y tradiciones de sus antepasados que me llenaron de admiración hacia ellos.
Tras el País Dogón proseguí mi viaje con destino a otro Patrimonio de la Humanidad, las Ciudades Antiguas de Djenné.

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