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Palacio de Ishak Pasha (por Jorge Sánchez)

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El Palacio de Ishak Pasha fue una de esas sorpresas que le acontecen al viajero en los momentos más inesperados. Iba viajando en un autobús desde Tabriz, en Irán, hasta el lago Van, en Turquía. Tras cruzar la frontera el autobús hizo una breve parada en una especie de caravanserai en Dogubayazit para tomar algún refrigerio.

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Fue cuando al descender miré hacia atrás y vi un edificio fantástico sobre una colina: un palacio que parecía sacado de un cuento de las Mil y una Noches. De inmediato cogí mi bolsa y abandoné el trayecto. Primero debería visitar esa maravilla, y ya compraría después otro billete de autobús al lago Van.
Pregunté a unos peatones y me dijeron que ese palacio se llamaba Ishak Pasha y se hallaba a unos 5 kilómetros de distancia. Reconozco que ignoraba la existencia de ese palacio hasta ese día.

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Caminé hacia allí, y hasta corrí cuando lo tuve cerca. Y me quedé extasiado recorriéndolo, saboreando su magia. Trepé sobre un muro y allí me quedé un largo rato disfrutando de la vista.
Leí en un letrero que se había construido a finales del siglo XVII. Sin embargo parecía más viejo. Lo mandó construir un bey; su hijo Ishak Pasha lo continuó, y fue terminado cuando nació el nieto, o sea, que está relacionado con tres generaciones.

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El interior alberga una mezquita y poco más. El palacio había estado abandonado durante muchos años y aún hoy (al menos cuando lo visité el siglo XX) mostraba un aspecto dejado de la mano de Dios, pero tal vez ello le confería un aspecto tan romántico.
De regreso en Dogubayazit tuve que quedarme a dormir en el caravanserai, pero por la mañana abordé un autobús al lago Van.
(Como en los años 90 del siglo XX, cuando estuve por primera vez en Irán, viajaba sin cámara fotográfica, agradezco al gran viajero castellonense Agustín Chaler el que me haya prestado las fotos que muestro aquí).