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Península Valdés (por Jorge Sánchez)

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Como me había entretenido visitando Puerto Madryn y los vestigios de los inmigrantes galeses que se instalaron por los alrededores de esa ciudad durante la segunda mitad del siglo XIX, llegué en autobús de noche a Puerto Pirámides, en la Península Valdés. Por el camino nos pararon los agentes del parque nacional y me hicieron pagar solo 100 pesos gracias a que declare que trabajaba en Buenos Aires, pues los extranjeros que no pertenezcan a los países de Mercosur (Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Paraguay y Venezuela) han de abonar 250 pesos. Al llegar a Puerto Pirámides localicé en la oscuridad una pensión para dormir. Se llamaba Hostal El Español y me cobraron 150 pesos por un cuarto individual, sin desayuno y con el baño en el patio. Allí, un cliente español de un pueblo de la provincia de Lérida me informó de que desde la bahía donde se ubica Puerto Pirámides había divisado cuatro ballenas el día anterior.

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Según el leridano, me había precipitado al viajar a la Península Valdés en mayo, ya que los animales empiezan a acudir a esa región a partir de junio. Él se quedaría hasta ese mes con la esperanza de avistar más ballenas, además de elefantes marinos, pingüinos de Magallanes y aves migratorias. Por la mañana caminé hasta un mirador a pocos kilómetros de distancia desde donde vería centenares de lobos marinos. Era una visión entrañable, tierna. Las hembras estaban juntas formando harenes y todas cuidaban de sus pequeños. Me quedé como hipnotizado observando esas criaturas al menos durante dos horas. Por esa visión ya justificaba mi desvío a la Península Valdés, a pesar de no ver ballenas. En compensación, observé multitud de pájaros sobrevolando el lugar; algunos de ellos eran endémicos.

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Había letreros ilustrativos, con dibujos, explicando la vida de los animales y sus costumbres. Por esos letreros aprendí que la Península Valdes es el lugar donde se avistan más ballenas en nuestro Planeta Tierra. La ballena franca austral elige esa península para reproducirse. Además de ese sitio cercano a Puerto Pirámides donde me encontraba, existen cinco más en la Península Valdés desde donde admirar la vida animal. Ese día solo encontré una pareja de argentinos como visitantes, pues casi nadie va en mayo a la Península Valdes. Al mediodía regresé a Puerto Madryn con ayuda de la pareja de argentinos, que me levaron en su coche, y de allí proseguí en varios autobuses hacia Buenos Aires.

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