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Pirineos-Monte Perdido (por Jorge Sánchez)

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Este es el primer sitio UNESCO que he visitado en mi vida. Tenía 11 años y me llevaron de colonias desde mi pueblo, Hospitalet de Llobregat a Bielsa, en Huesca, junto a un grupo de niños de mi barrio. Dormíamos en un enorme caserío vecino a Bielsa y cada día, durante una semana, practicábamos senderismo por el interior del Parque Nacional de Ordesa y el Monte Perdido. Hacíamos amistad con los niños de diversas regiones españolas, cantábamos juntos, jugábamos, participábamos en concursos. Fui muy feliz esa semana.
El Pirineo Aragonés es mi lugar natural favorito en España, por ello, justo medio siglo más tarde volví a este Parque Nacional, que es el segundo más antiguo en España, tras el de Doñana. Esta vez iba acompañado por un bello ejemplar femenino de mi propia especie.

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Llegados a la población de Bielsa salimos a las afueras e hicimos autostop, ya que nos enteramos de que no había servicio regular de autobuses para acceder al Parque Nacional. Al poco rato un matrimonio de aragoneses nos llevó a la Ermita Nuestra Señora de Pineta, junto al Parador de Bielsa, desde donde comenzamos nuestra visita al Parque Nacional
Desde la entrada a ese parque se puede caminar hasta Francia, por la llamada senda de los maquis, hasta la Cascada de Gavarnie, que representa el salto de agua más alto de Europa. En Bielsa habíamos conocido a un padre con su hijo que acababan de realizar ese trekking en un solo día, y nos lo aconsejaron. Pero mi compañera no estaba acostumbrada a los trekking y temí que no lo pudiera concluir, además de que no observé ningún entusiasmo en ella por intentarlo, por lo que al final nos contentamos con pasar un día entero disfrutando del parque.

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Cruzamos el río Cinca a través de un puente, luego atravesamos un segundo río, llamado Larri, y pronto comenzamos a ver saltos de agua, cada vez más poderosos, hasta llegar a la gran cascada, lo que nos deleitó.
Todo el parque estaba muy bien señalizado con letreros, estábamos siguiendo el Camino Ecológico de Larri.
La caminata era muy fácil, cualquier persona sana la puede realizar. Al llegar al final del camino observamos un sendero que parecía conducir a la frontera francesa. Todavía caminamos una hora más hasta encontrarnos con caballos, al menos habría treinta y se dejaban acariciar. Cerca de allí pastaban unas cincuenta vacas.
Era un lugar hermoso, la cascada más bella se localizaba allí. Pero no veríamos el Monte Perdido, sólo el Monte Cilindro, pues para el Monte Perdido debíamos aún ascender varios centenares de metros y temimos que nos alcanzara la noche.

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Iniciamos el regreso poco antes de oscurecer y al arribar a la Ermita de Nuestra Señora de Pineta hicimos autostop y al poco rato nos pararon unos muchachos que nos depositaron en Bielsa.
Había sido un día hermoso, mi compañera estaba satisfecha y yo había rememorado mis tiempos cuando era un mozalbete.

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