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Pompeya (por Jorge Sánchez)

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Basado en Nápoles, en un solo día me dio tiempo a realizar un trekking alrededor del volcán Vesubio y visitar las dos ciudades UNESCO de Pompeya y Herculano.
El tren Circumvesuviana me dejó justo en la caseta de venta de billetes de entrada al sitio de Pompeya.

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Todo estaba muy bien organizado allí. Con la compra del ticket me facilitaron folletos en español, lengua que todos los empleados hablaban, de lo cual me alegré. No llevaba un parche con la bandera de mi país en mi bolsa de viaje, ni sombrero cordobés sobre mi cabeza, ni tocaba las castañuelas por la calle, sin embargo siempre los empleados adivinaban mi nacionalidad y me hablaban en español directamente. Lo encontré curioso.

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El sitio era enorme. Calculé que necesitaría un mínimo de 3 horas para explorar bien el sitio. Había hasta una cafetería donde uno podía hacer una pausa y comer o beber algo.
Los guardianes de las ruinas, además de darte información, te indicaban dónde no se podía entrar por el peligro. Las calles llevaban nombre y estaban empedradas. Leyendo los letreros ante cada casa supe la que había sido una panadería o un palacio, una casa de un noble, el templo dedicado a Júpiter, o Apolo, los baños termales. En muchas casas había restos de frescos y mosaicos.
Vi también cadáveres calcinados en un museo.

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Guías turísticos conducían grupos llegados a Sorrento en cruceros.
Cuando me pareció que ya había explorado suficientemente bien Pompeya, me desplacé a Herculano, un sitio que aunque mucho más pequeño, ofrecía una sensación menos tétrica que la de Pompeya.
Tras Herculano me dirigí al cono del volcán Vesubio.

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