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Portobelo (por Jorge Sánchez)

Me daba ilusión visitar Portobelo para culminar la visita a la trilogía de puertos americanos desde donde se embarcaba en la Flota de Indias el Quinto Real con destino a España (el otro 80 por ciento del oro y la plata se quedaba en América, por ello las ciudades americanas eran más ricas que las españolas). Los otros dos puertos escala de la Flota de Indias eran: Veracruz (en México) y Cartagena de Indias (en Colombia). Entré en Panamá por Costa Rica y una vez en Bocas del Toro embarqué a Colón, adonde llegaría tras una penosa travesía de dos días, medio mareado, comiendo solamente carne de tortuga.

Llegué hacia el mediodía a Portobelo, en un autobús local. Esperaba encontrarme con una histórica y bella ciudad colonial al estilo de Cartagena de Indias, o con un fuerte bien preservado como el de San Juan de Ulúa, en Veracruz. Pero no. Lo que vi fueron ruinas por las que correteé. Sí, vi varios cañones viejos, restos de una fortaleza, pero todo daba la apariencia de estar abandonado, desde los tiempos cuando los criminales piratas ingleses, como un tal Parker primero y un tal Morgan años más tarde, arrasaron la ciudad en el siglo XVII asesinando a sus ciudadanos tras haberlos torturado y violado a las mujeres. En el siglo XVIII la ciudad volvería a ser saqueada, esta vez por un almirante inglés (un tal Vernon), pero la venganza española vendría 2 años más tarde cuando en Cartagena de Indias nuestro Blas de Lezo infligió una derrota decisiva a Vernon, la mayor derrota naval de los ingleses en toda su historia. La bahía de Portobelo era bella. Cristóbal Colón la había descubierto durante el transcurso de su cuarto viaje. Por ello mi visita fue justificada, aunque esperaba más. Antes de que oscureciera regresé a Colón y al día siguiente abordé un tren a Panamá deteniéndome en algunas esclusas del famoso canal.