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Rapa Nui (por Jorge Sánchez)

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Me dio mucha ilusión aterrizar en la Isla de Pascua. Era el año 1997.
En el aeropuerto había nativos que ofrecían cuartos baratos. Yo seguí a una mujer que me llevó a su cortijo a un precio de ganga. Varios extranjeros que viajaban en el mismo avión de Santiago de Chile, también fueron con ella.
Al final todos los moradores de ese cortijo hicimos amistad, un australiano que ya estaba allí alojado durante un mes, y los nuevos compuestos por un holandés, un danés, un ruso y yo.

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Debería permanecer en la Isla de Pascua casi una semana, hasta que despegara mi avión con destino Papeete, en la Polinesia Francesa.
El turista ruso estaba dando una vuelta al mundo y, como debía tener mucho dinero, el día siguiente alquiló un jeep y nos llevaba a varios de nosotros con él, por turnos, para descubrir la isla. Gracias a él no fue necesario hacer autostop.
Visitamos todos los vericuetos de la isla, hasta sus cuevas, donde estaba alojada una turista alemana. Mis compañeros llevaban cámaras de fotos y meses más tarde me enviarían algunas a mi pueblo en Hospitalet de Llobregat, España. Son las fotos que presento aquí (de papel).

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Encontramos la cantera de piedra de donde se extraían los moais y se les daba forma, antes de clavarlos en sitios determinados, representando difuntos.
Esos días encontramos en la playa de Anakena a un aventurero español llamado Kitín Muñoz, que estaba preparando una expedición Mata Rangi en una balsa de totora para cruzar el Océano Pacífico (que sería un fracaso, pero se acabaría casando con una princesa búlgara y abandonaría las aventuras para siempre).

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Noté fricción entre los pascuenses y los chilenos del continente. De hecho, los pascuenses aún guardan rencor a todos los extranjeros de origen occidental pues, en el pasado, todos los navegantes que les visitaron cometieron atrocidades contra ellos. Por ejemplo, los primeros visitantes, los holandeses al mando de Roggeveen, el que nombró la isla como Pascua por haber llegado a ella el día de la Resurrección de la Semana Santa, mató a varios nativos. Luego vinieron los españoles capitaneados por Felipe González, y se entablaron cordiales relaciones y no hubo confrontaciones. Los ingleses, al mando del Capitán Cook, los visitarían más tarde y también matarían pascuenses, igual que hicieron los franceses de La Pérouse, como los estadounidenses.

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Los españoles manteníamos relaciones extraordinarias con los pascuenses, y éramos los únicos visitantes pacíficos, pero se vieron rotas cuando un negrero y genocida barcelonés (de El Masnou), llamado Joan Maristany Galceran, asesinó y secuestró a un tercio de la población para llevarlos a Perú para trabajar como esclavos en las minas de guano. Entre esos secuestrados estaban los sacerdotes, los únicos que conocían el alfabeto rongo-rongo de la Isla de Pascua, pero perecieron por la crueldad de la esclavitud en Perú. Debido a ese malnacido español, hoy la escritura del rongo rongo sigue sin ser descifrada.
El día de mi partida volé a Tahití. Todos mis compañeros permanecerían en la misteriosa Isla de Pascua unos cuantos días más.