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Río Nilo (por Jorge Sánchez)

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He llegado a conocer estos cuatro templos incluidos en este candidato a Patrimonio de la Humanidad. El templo de Hathor en Dendera lo conocería en un viaje posterior a Egipto, mientras que los tres últimos los visité de la manera más fantástica posible, en felucca navegando por el río Nilo.
En Luxor, unos viajeros franceses (curiosamente ambos llamados Denis) y yo nos encargamos de visitar varios albergues de mochileros de la ciudad buscando compañeros para abaratar el coste de una felucca escalando en Esna, Edfu y Kom Ombo, hasta llegar a Aswan, lo que nos tomaría cinco días de travesía con cuatro noches.
Al final convencimos a un australiano y a dos chicas alemanas. Y al zarpar, justo coincidimos en el río con otro grupo de turistas que había alquilado otra felucca, con una tripulación compuesta por cuatro chicas islandesas, una sueca, un francés, un danés y un estadounidense. Así que navegaríamos juntos y las noches nos pararíamos para cenar, hablar, bailar y admirar el cielo estrellado.

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A cargo de cada felucca iban dos “feluqueros”, quienes se encargaban de la navegación y de pescar peces en el río y cocinarlos para la cena. Como la chica sueca era la única rubia, además de algo frívola, los cuatro feluqueros se volvían locos por ella y la colmaban de atenciones.
Bebíamos agua del Nilo, comíamos ful a base de habas chafadas, o bien hacíamos paradas y agarrábamos dátiles para el desayuno. Era yo precisamente el encargado de trepar a las palmeras por ser el más delgado de los catorce turistas (en aquellos años era vegetariano).
Las islandesas se pasaban el día cantando, los tres franceses hablaban en francés entre ellos de sus viajes alrededor del mundo, lo mismo que las dos chicas alemanas lo hacían en alemán, yo jugaba al ajedrez con el danés, el australiano y el estadounidense, mientras que la sueca flirteaba todo el tiempo con los cuatro feluqueros, que se la rifaban para bailar con ella por las noches.
Los tres templos adonde paramos eran formidables,

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En Edfu vimos el templo dedicado a Horus, el dios halcón. Tras el de Karnak es el segundo templo más grande de Egipto.
Aunque tal vez el templo que nos causó más impresión de ese viaje fue el último, el doble templo de Kom Ombo (dedicado al dios cocodrilo Sobek), tal vez por hallarse a orillas del río Nilo, lo cual le confería una belleza adicional.

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Llegamos con pena a Aswan. Ese viaje en felucca había sido inolvidable para todos nosotros.
Todos nos separamos, aunque días más tarde casi todos nos volveríamos a ver al visitar Abu Simbel.
La chica sueca regresaría esa misma noche a Luxor en felucca con los cuatro feluqueros.
Denis, uno de los franceses con ese nombre, me escribió meses más tarde y me regaló las fotos que aquí muestro. Él siguió viajando hasta que al año siguiente encontró el amor en la isla Mauricio y se casó con una chica india que se llevó a Francia.