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Rodas (por Jorge Sánchez)

Visité la isla de Rodas en el año 2004. En El Pireo (cerca de Atenas) abordé por la noche un barco y llegué por la mañana al puerto de Rodas. Caminé a la parte central hasta la calle de los Caballeros, pues estaba a un tiro de piedra desde el puerto. Mi intención era pasar un día entero visitando lo máximo posible la ciudad, otro día más en recorrer la isla en autostop o en autobuses, y regresar a El Pireo en otro barco nocturno, para así ahorrar en hoteles. Cuando el barco se acercó a Rodas las vistas de la parte amurallada y de las torres del castillo eran espectaculares. Ese primer día visitaría el Palacio de los Grandes Maestres, la catedral de San Juan, el Gran Hospital, varias iglesias, entre ellas bizantinas y, en general, toda la parte medieval que fue posesión de la Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, que fue creada en el siglo XI para auxiliar y proteger a los peregrinos en su viaje a Tierra Santa. Las playas, llenas de turistas, no me interesaron en absoluto y sólo me concentré en el casco viejo.

Como español, lo que más me emocionó fue el paseo por la avenida de los Caballeros, que recorrí una y otra vez, de arriba abajo y de abajo a arriba. Supe por una empleada de la Oficina de Turismo que en la Edad Media la ciudadela se componía de siete sectores y en cada uno de ellos se hallaba una posada, o albergue a lo largo de esa calle. Los siete albergues, que aún hoy se pueden visitar, estaban clasificados por lenguas o nacionalidades. Estaban los albergues de Provenza, Auvernia, Francia, Italia, Alemania, Inglaterra y España. El de España, o de la Lengua Española, sería dividido en dos: Aragón (con Navarra y Cataluña) y Castilla (con Portugal), pero bajo el mismo edificio con dos portales. Uno de ellos, el portal de la posada de Aragón, está construido en puro estilo aragonés. El Albergue de la Lengua Española se halla cerca del de la Provenza. Sin embargo, aún no se ha identificado en la parte antigua la ubicación del Albergue de la Lengua Alemana, pues era el más pequeño de los siete. El día siguiente me lancé a explorar la isla de Rodas.

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