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Safranbolu (por Jorge Sánchez)

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Me complació la visita a la ciudad de Safranbolu, pero hubiera preferido conocerla en sus mejores tiempos, cuando era una escala de caravanas de la Ruta de la Seda entre China y Anatolia.
Descubrí un caravanserai llamado Cinci Han, construido, según leí en un letrero a la entrada, a mediados del siglo XVII. Pero cobraban hasta para respirar. Lo habían transformado en un hotel y si no eras cliente no te dejaban entrar ni siquiera a la recepción, o bien tenías que comprar un billete turístico de entrada, o tomarte un té en su cafetería, pero pagando el triple que en cualquier cafetería ordinaria.

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Imagino que debe ser algo frecuente el que los visitantes superen a los locales en esa ciudad. Predominaban los japoneses, seguidos de estadounidenses, que no paraban de comprar azafrán. Ello, sin embargo no le quitaba un ápice de belleza a sus casas con sus originales balcones, ni a sus enrevesados callejones llenos de vendedores ofreciendo azafrán y objetos turísticos.

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Una agencia de viajes frente a la oficina de turismo llevaba por nombre Batuta ¿sería por haber pasado por allí el viajero marroquí Ibn Battuta?
Fue lo que pregunté al empleado de turismo. Él no lo sabía, pero yo lo supe a los pocos días, cuando en un internet café de Tesalónica consulté sus viajes y comprobé que había pasado por esa ciudad en el año 1332., tal como describe en su libro de título Rihla (El Viaje).

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Estuve a punto de pasar allí la noche; había un dormitorio por 25 liras turcas por litera, pero como tras unas 6 horas me pareció que había visto lo principal de la ciudad, al final viajé a Estambul en autobús.