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San Marino (por Jorge Sánchez)

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Había estado ya en San Marino a finales del siglo XX, pero no me quedé allí a dormir, Abordé un autobús en Rimini por la mañana y a media tarde regresé a Rimini.
Pero años más tarde me inscribí en un club de viajeros virtual y gratuito de Dinamarca, y en él esa visita a San Marino no me contaba, pues era condición sine qua non pasar una noche en un país para considerarlo como visitado, o bien 24 horas seguidas.

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Días atrás había pasado una noche en Liechtenstein por el mismo motivo, y días más adelante pasaría cuatro noches seguidas dentro de mi saco de dormir en la Piazza di San Pietro, en el Vaticano, por lo mismo.

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Regresé a San Marino y esta segunda vez, sí que me quedé a dormir. Como allí la Policía no admiten vagabundos ni a nadie a dormir en la calle, localicé un hotelito a precios moderados (20 euros) e hice el sacrificio de pagarlos para cumplir la condición del club danés.
Como la primera vez, visité de nuevo los atractivos turísticos de San Marino, paseando por sus callejones y entrando en sus museos y otras construcciones notables cercanas a la Piazza della Libertà, como el Pallazo Pubblico y el Parlamento. Visité la Iglesia de San Francisco, la Basilica di San Marino, los jardines y fortalezas, y cuando estuve cansado me senté en un banco de madera y me comí varios helados riquísimos.

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Tuve la tan buena fortuna que esa noche había un espectáculo en el Castello della Guaita y su entrada era gratuita, así que pude disfrutar de él y degustar como regalo vasitos de un licor local y bollos de nata.
Por la mañana regresé en autobús satisfecho a Rimini, y lo primero que hice fue buscar un internet café para apuntarme San Marino como “visitado”, como Dios manda, en el club danés, jejeje….