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Susha (por Jorge Sánchez)

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Con base en la Universidad de Stepanakert, donde unos estudiantes armenios muy simpáticos me habían invitado a pernoctar, me dirigí una buena mañana en autostop a Susha. Pronto me paró un camión y me depositó en un cruce de caminos, junto a un tanque con flores. Tras subirme arriba de él y entregar la cámara de fotos al chófer del camión para que me tomara una, me contó que ese tanque era histórico por haber participado en la batalla de los armenios contra los azeríes y sus aliados los turcos para reconquistar Susha, una de las principales ciudades de Nagorno Karabaj, el año 1992.

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Caminé unos 10 minutos hacia la parte alta de una colina. Había cabras por el camino. La vista era preciosa.
Una vez en Susha comprobé que muchos edificios mostraban impactos de balas. Parecía que la guerra hubiera sido ayer.
Vi poca gente en esa ciudad. A principios del siglo XX la Susha la poblaban unas 50.000 personas, pero el año que yo estuve allí (2007) sólo vivían unas 20.000.

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A lo largo de la historia ha habido muchos pogromos cometidos contra los armenios, y no sólo el famoso genocidio perpetrado por los “Jóvenes Turcos” (ayudados por los kurdos) en 1915, cuando se masacraron 1 millón y medio de armenios. Por ejemplo, en 1920 tropas de Azerbaijan, a las que ayudaron los propios civiles azeríes que vivían en Susha, asesinaron en esa ciudad a unos 30.000 armenios, no dejando ni uno vivo; hasta acuchillaron a los bebés de pecho sin piedad.
Susha era una ciudad famosa por constituir un centro cultural armenio.
Entré en la reconstruida catedral Ghazanchetsots (la Catedral del Sagrado Salvador), que durante la segunda mitad del siglo XIX fue erigida copiando la estructura de la sagrada Catedral de Etchmiadzin.
Era bella, bellísima esa catedral. Entré en ella y me quedé cautivado por la atmósfera que experimenté en su interior.
Observé más iglesias en Susha, pero ninguna alcanzaba el esplendor y majestuosidad de Ghazanchetsots.
Durante mi caminata de exploración de la ciudad me encontré con varias mezquitas, semi-destruidas por la guerra, sí, pero no arrasadas, y alguna de ellas, como la famosa e histórica Ashagui Govhar Agha, se estaba reconstruyendo, a pesar de que no había ningún musulmán viviendo en Susha.

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Ese amor de los armenios por la cultura y los edificios religiosos históricos, a pesar de ser de otra religión, fue un gesto que agradecí, pues en el enclave azerí de Najichevan comprobé que los azeríes habían destruido prácticamente todos los históricos y hermosos Khachkar armenios, a pesar de estar protegidos por UNESCO.
A media tarde regresé al cruce de caminos, hice autostop y el primer coche que pasó por allí paró y me depositó de regreso en Stepanakert.