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Tournai (por Jorge Sánchez)

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Llegué a pie a Tournai realizando un fragmento del Camino de Santiago. Era mi tercer día de caminata desde que había comenzado el peregrinaje en Bruselas.
Me dirigí a la Catedral de Notre-Dame para que me estamparan el sello sobre mi Credencial del Peregrino.
He de confesar que en ese entonces (año 2009) ignoraba que esa catedral era un Patrimonio de la Humanidad, y sólo lo supe cuando vi letreros por la calle con el símbolo de UNESCO.
Esos días se celebraba en esa catedral la canonización por el Papa Benedicto XVI de un hombre extraordinario, el Padre Damián, llamado el Apóstol de los Leprosos, y que yo sólo conocía por una película que había visto en mi infancia, llamada “Molokai: La historia del Padre Damián”.
Hoy Bélgica le considera “el belga más grande de todos los tiempos”.
Personajes ilustres como el viajero y escritor Louis Robert Stevenson, Mahatma Gandhi y Lev Tolstoi, afirmaban que el mundo cuenta con pocos héroes comparables al Padre Damián de Molokai.

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La catedral era impresionante, más grande de lo que me esperaba. El interior se podía visitar sin necesidad de comprar un billete, aunque para colaborar con su economía no dejé de comprar un cirio. Allí había maquetas de madera con explicaciones de la catedral.
Gracias a unos letreros sobre la cronología de la catedral supe que su construcción se inició el siglo XII y combinaba tres estilos arquitectónicos: Románico, Gótico y el tercero es un estilo intermedio entre ambos.

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En un patio junto a la catedral había un conjunto de estatuas metálicas representando un cuadro de Rogier van der Weiden, pintor que había nacido en Tournai. Se trataba de él mismo pintando a la Virgen María con el Niño Jesús. Era una estatua muy tierna.
La ciudad era grata pero sólo permanecí en ella lo justo para comerme una especie de doner, o shawarma, en un puesto de turcos, más un bocadillo de mortadela que compré y me llevé para la merienda. Tras recibir el sello de peregrino en mi Credencial seguí las conchas metálicas sobre el suelo y proseguí mi camino a pie antes de que me alcanzara la noche.