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Trakai (por Jorge Sánchez)

Me tomó unos 20 minutos alcanzar este castillo caminando a paso ligero desde la estación de autobuses de Trakai. Iba preguntando por él a los indígenas que me encontraba por el camino, y todos me contestaban que siguiera la misma calle paralela a la orilla del lago Galvé. Y al final lo hallé entre dos lagos. Era un castillo asentado sobre una isla unida por un puente de madera a la ciudad de Trakai. La vista era bella como un cuento; el castillo aparecía romántico, seductor. Estaba el lugar lleno de turistas a pesar de encontrarme en un frío mes de febrero. Algunos nativos hacían un agujero en el hielo en medio del lago y pescaban.

El ingreso al castillo era barato. Compré mi billete en la taquilla de la entrada y penetré en el recinto. Al parecer, mi boleto me daba derecho a un guía una vez que se reuniera un pequeño grupo, pero no quise esperar a otros turistas y preferí descubrir el lugar a mi aire. El castillo, cuyo origen data del siglo XIV, ha sufrido destrucciones y reconstrucciones, sobre todo tras las particiones de Polonia, y ha pasado de manos lituanas y de los caballeros teutones, a polacas, a suecas, a alemanas, a rusas, a soviéticas…, y sus muros han albergado reyes, duques, templarios, revolucionarios, más otros residentes de diverso pelaje y posición social. Entré donde me estaba permitido en el Palacio Ducal. Tras una hora de visita salí y comprobé que era más bello por fuera que por dentro. Lo rodeé por completo, me recreé tomando fotos desde todas las perspectivas posibles. Al estar el lago helado, se podía caminar sobre él para obtener buenas vistas del castillo. Los aborígenes me contaron que en verano los turistas alquilan barquitas para admirarlo desde el medio del lago Galvé y el lago Luka.

Trakai en sí parecía una pequeña ciudad atractiva y en su museo (al cual no entré) se podía aprender sobre la comunidad karaim (de origen turco con mezcla de judíos) que fue llevada a Trakai desde Crimea en el siglo XIV. Además, leí que la vista del castillo por la noche, cuando lo iluminan, es espectacular. Consideré pernoctar allí para apreciar estos dos atractivos turísticos. Reflexioné, y al acabar la visita resolví regresar a la estación de autobuses para marcharme raudo a viajar a otra parte.

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