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Verona (por Jorge Sánchez)

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Llegué a las 6 de la tarde a Verona, ya oscureciendo, y me preocupé por buscar un alojamiento para pasar la noche y dejar las visitas para la mañana siguiente.
De la estación de tren caminé hacia el centro siguiendo las indicaciones de un indígena a quien pregunté. Una vez que hallé la Porta Nuova que me había advertido, giré a la izquierda y entré en el centro histórico de la ciudad por un arco. Al advertir la arena y el Palacio Barbieri volví a girar a la izquierda hasta el león de San Marcos en la Plaza delle Erbe, penetrando en unos callejones, tal como me había aconsejado el nativo italiano de la estación del tren.
El albergue no estaba muy lejos de allí, dejé mi bolsa, me duché y como aún era pronto para acostarme y tenía hambre, salí a comprarme un bocadillo de mortadela y a explorar la ciudad de noche.

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He de confesar que no me llevó a Verona el interés por los monumentos de la antigüedad, como las ruinas grecorromanas, que han hecho ser declarados Patrimonio de la Humanidad, aunque visité los principales al día siguiente, sino (y creo que a la mayoría de los turistas también) la bella historia de amor de Romeo y Julieta.
Ruinas grecorromanas hay muchas en Italia, pero Casas de Julieta sólo hay una.

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Localicé enseguida la Casa de Julieta, pues muchos letreros callejeros te indican su paradero. Vi el famoso balcón. En el patio de la planta baja había una tienda abierta aún, donde vendían todo tipo de souvenirs relacionados con la historia de amor entre Romeo y Julieta, como tazas con dos corazones, imanes en forma de corazón, o candados para colocarlos en unas barras de hierro. En una pizarra habían pegado innumerables mensajes en papel y poemas de amor escritos por los turistas, dirigidos al espíritu de Julieta.
Sin duda, Verona no era la ciudad de las ruinas grecorromanas, sino la ciudad de Julieta.
Cerca de allí advertí un busto de Shakespeare con la siguiente frase en una placa, extraída de su obra “Romeo y Julieta”:
“There is no world without Verona walls, but Purgatory, Torture, Hell itself, hence banished is banish’d from the world, and world’s exile is death: …”

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Por la mañana, cuando me desperté, aún empleé un par de horas en recorrer los monumentos de UNESCO, sin dejarme las ruinas grecorromanas, el Ponte Pietra, el Duomo, donde compré un cirio, palacios, iglesias, estatuas y jardines. Pero el “plato fuerte” había sido la visita de la noche anterior a la Casa de Julieta.
Hacia el mediodía dejé Verona y me marché a viajar a otra parte.