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Vicenza (por Jorge Sánchez)

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Cumplí con mis obligaciones de turista en Vicenza y no dejé de visitar durante medio día todos los maravillosos palacios de Andrea Palladio más la estatua dedicada a él, la imponente Basílica Palladiana y la Torre Bissara en la Piazza dei Signore, la Piazza Castello, la Piazza San Lorenzo, además de otros lugares notables dentro de esa prodigiosa ciudad, pues gracias a unos letreros callejeros se indicaba un “Itinerario Palladiano” que seguí a rajatabla. Y hasta admiré en sus iglesias cuadros de famosos pintores italianos a los que adoro, como Paolo Veronese (ver la foto adjunta con el cuadro Adorazione dei Magi), que me llenaron de gozo.

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Una vez hecho los “deberes” (de turista) dediqué la segunda parte del día a los “placeres” (de viajero), que consistió en entregarme a averiguar todo lo que pudiera sobre un aventurero extraordinario del que apenas se sabe nada, sólo que fue cronista de la expedición de Magallanes. Me refiero a Antonio Pigafetta, nacido en Vicenza a finales del siglo XV.
Sabía sobre la existencia de Pigafetta desde los 12 años, cuando en la escuela nos hicieron pintar un mapamundi con el viaje de Magallanes/Elcano. Desde esa tierna edad recuerdo que Magallanes murió en la Isla de Mactán en 1521 (ver foto adjunta con mi libreta del “cole”, con mi nombre y dos apellidos en la parte inferior derecha). Gracias a mi “profe” de Geografía e Historia, también conozco desde entonces a René Caillié, a Barth, Cabeza de Vaca, Nansen y Amundsen, Cabral etc.

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Pregunté sobre Pigafetta por la calle a los nativos de Vicenza y enseguida me condujeron a la Via Pigafetta. Era un personaje muy conocido allí.
Piqué en la puerta de la Casa de Pigafetta, pero no me contestaron. Como enfrente había una cafetería, llamada precisamente Café Pigafetta, me senté, pedí un café más un bollo de nata y conversé con la camarera, que me informó que ese palacio no era un museo y sus dueños no permitían la entrada a ningún extraño.
Me decepcioné pues me hubiera gustado ver la casa por dentro. Sin embargo, he de reconocer que el café estuvo muy bueno.

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De regreso a la estación del tren para proseguir mi viaje a Trento, donde deseaba saber más sobre los humanistas que mandó España para participar en el famoso Concilio de mediados del siglo XVI, me detuve junto al monumento de Pigafetta, donde tomé las fotos que aquí adjunto.