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Villa Adriana (por Jorge Sánchez)

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Viajé en autobús a Villa Adriana. En la oficina donde vendían los billetes de entrada había un joven que conocía la vida de Adriano al dedillo y, como era el único turista cuando llegué, me dedicó un buen rato a contarme sobre nuestro césar (pues nació en Itálica, cerca de Sevilla) ante una reproducción en miniatura de madera de Villa Adriana. Gracias a sus explicaciones pude después comprender mejor cada sección de Villa Adriana.
Entre la oficina de entrada y el sitio arqueológico había un gran signo de UNESCO donde me hice una fotografía.

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Lamentablemente, los restos del esplendor de esa villa donde se retiró el césar Adriano no hacían justicia a lo que debió de haber sido en sus mejores tiempos.
Adriano se retiró allí porque odiaba la vida en Roma. Desde esa villa gobernaba todo el Imperio Romano, como también haría nuestro Felipe II, que desde El Monasterio de El Escorial gobernaba un imperio donde nunca se ponía el sol.

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Disfruté con la visita, en la que invertí unas dos horas. Primero me dirigí al final, al Teatro Marítimo, donde observé las estatuas dedicadas a dioses de la mitología grecorromana, y luego retrocedería a la Plaza del Oro. Vi los restos del teatro griego, de los baños, de la biblioteca, de las termas, la sala de los filósofos, la sección donde vivía la servidumbre, la parte subterránea… pero más bien me produjo lástima la desolación del lugar. Menos mal que gran parte del material de esta Villa Adriana, como mármoles y estatuas, se trasladó a Villa de Este, donde acababa de estar hacía unas horas, por ello las visitas a estos dos Patrimonios de la Humanidad se suelen combinar en una excursión de un día completo, como fue mi caso.

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Al acabar esta visita de Villa Adriana me marché a viajar a otra parte.