Inicio » Visby (por Jorge Sánchez)

Visby (por Jorge Sánchez)

Gracias a un amigo viajero sueco que me invitó a estar unos días con él en Estocolmo, viajé a la isla de Gotland en barco, quedándome en ella un día y una noche. Decía con orgullo de su capital Visby que era la Ávila sueca debido a sus murallas. Así pues tenía muchas expectaciones. El barco me dejó en el centro de Visby, a apenas 100 metros ya se entraba en la vieja Visby por una puerta de su muralla. Justo la oficina de turismo se hallaba allí cerca por lo que conseguí unos folletos en lengua española donde me indicaban los sitios a no perderme de esa ciudad. No tenía intención de visitar la isla entera, sino solo su capital, Visby, por ser Patrimonio Mundial. Dejé mi pequeña bolsa en un hostal que había sido una antigua prisión y me lancé al centro a descubrir los sitios que me sugerían los folletos.

Mi primera impresión no fue del todo positiva, las murallas estaban en su mayoría destruidas y la primera iglesia que visité (San Nicolás) estaba en ruinas. Aunque me dijeron que Visby era un antiguo asentamiento vikingo, no observé restos de ellos, todo había desaparecido. Visby estaba a años luz de parecerse a Ávila. Sin embargo, me gustó mucho, pues tenía encanto. Vi casas antiguas de mercaderes de estructura original y bodegas de cuando Visby era una ciudad hanseática. La iglesia principal se llamaba Visby Sankta Maria domkirka y su interior era bello y acogedor. Primero había sido una iglesia católica, hasta la aparición del protestantismo. Me gustó que en su interior hubiera una barca de piedra y un poema en sueco e inglés que se titulaba: Allow it to Travel, que era una alegoría al viaje de la iglesia hacia la eternidad y el cielo. Por todas partes que iba veía una estatua de piedra representando a un carnero, y luego advertí que el carnero aparece en el escudo de armas de la ciudad.

La ciudad se recorre en unas pocas horas, pues es pequeña, con apenas 25.000 habitantes, o una décima parte de los que tiene mi pueblo, Hospitalet de Llobregat, en mi querida España. Había calles adornadas con flores y también vi los sitios donde se había filmado la serie infantil televisiva de Pipi Calzaslargas. Esos días había una competición en una plaza central (The Main Square, se llamaba en inglés) de cantos, duelos y juegos de las islas que habían pertenecido a Inglaterra, o eran posesiones inglesas en la actualidad, unas veinte, como Man, Santa Elena, Jersey, Malvinas (aunque los ingleses las conocen por otro nombre), e incluso Menorca. El espectáculo fue muy colorido y regalaban bocadillos de mortadela, de los cuales me agencié unos cuantos para mi cena. Todo había sido financiado por el gobierno inglés y cada año cambian de isla. Tal vez en el 2019 se celebrará en Menorca. La parte que mas me gustó de mi larga visita fue la puerta Osterport por hallarse en mejores condiciones. Cuando empezaba a oscurecer me llevé los bocadillos de mortadela a mi prisión-hostal, pasé allí la noche y por la mañana abordé un ferry de regreso a Estocolmo.

Anuncios