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Vladimir y Suzdal (por Jorge Sánchez)

Estas dos encantadoras ciudades, como de cuento, se sitúan cerca de Moscú, y entre ellas hay pocos kilómetros de distancia por lo que ambas se pueden visitar en un largo día y regresar a dormir a Moscú. Forman parte del Anillo de Oro, junto a Yaroslavl, Kostromá, Úglich, Sergiyev Posad, etc., y constituyen uno de los atractivos turísticos más visitados de Rusia. Comencé por Vladimir, que es más grande que la diminuta Suzdal. Allí era “obligatorio” visitar en primer lugar su bellísima catedral de la Asunción (también llamada Dormición), erigida en el siglo XII. Su interior alberga frescos del gran pintor, y también santo, Andrei Rubliov. Otro símbolo de la ciudad es su famosa Puerta Dorada, también del siglo XII, parecida a un arco de triunfo, cuya fotografía aparece en libros y postales sobre Vladimir. Culminé la visita a esa ciudad con un monasterio y dos iglesias, antes de degustar en una cafetería céntrica el famoso licor típico de la región llamado Medovukha, a base de miel.

En menos de una hora en un minibús alcancé Suzdal para completar el sitio UNESCO como Dios manda. Suzdal, con sus apenas 10.000 habitantes, es una ciudad de bolsillo y en ella todo queda a un tiro de piedra. Entré en su kremlin (fortaleza) y allí visité la catedral de la Natividad con sus cúpulas en forma de cebollas. Fue erigida entre los siglos XII y XIII. Tras mi última visita en Suzdal a un monasterio amurallado, al notar que pronto oscurecería, me dirigí a Moscú, adonde llegué de noche, pero el Metro aún funcionaba y pude llegar por este medio de transporte a mi alojamiento para entregarme inmediatamente a los brazos de Morfeo.

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