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Wismar (por Jorge Sánchez)

Wismar constituyó una interesante excursión de un día desde Hamburgo. Dudaba si dedicar ese día completo a Wismar o a Stralsund, pues ambas son ciudades hanseáticas incluidas en el mismo Patrimonio Mundial, pero al final me decidí por Wismar al estar más cerca de Hamburgo y, todo hay que decirlo, por salirme el billete de tren la mitad más barato que a Stralsund. El tren iba lleno de polacos con grandes bolsas de cuadros que regresaban a su país tras haber hecho compras de productos que revenderían en sus pueblos. A unos 5 minutos a pie de la estación de tren de Wismar ya empecé a ver los famosos edificios medievales construidos en ladrillo.

Llegué a la plaza central, llamada del Mercado, donde observé muchos turistas, sobre todo chinos haciendo fotos sin parar. Allí estaban concentrados los edificios más característicos de la ciudad más una especie de torreta en forma de dodecaedro que era la famosa fuente de Wismar, que en el pasado suministraba agua a toda la ciudad. Yo también hice fotos, y hasta le pedí a los indígenas que me hicieran una donde yo apareciera. El centro de la ciudad, o los alrededores de esa plaza del mercado, parecía estar en fiesta constante. Había músicos callejeros que tocaban el piano con virtuosismo, las cafeterías con terrazas estaban llenas a rebosar de clientes, y los chinos compraban souvenires sin parar, como miniaturas de la fuente de agua de la plaza del mercado y magnéticos para los frigoríficos.

Como dispuse de todo un día para conocer Wismar, me proveí en la oficina de turismo de un mapa gratuito de la ciudad en español y rodeé su perímetro dos veces, una vez de izquierda a derecha y otra de derecha a izquierda, no dejándome ni un solo edificio de ladrillo notable. También entré en las tres iglesias que encontré, y en cada una de ellas compré un cirio al monaguillo. La que más me gustó fue la de Santa María, del siglo XIII, o lo que quedaba de ella, pues como Wismar quedó, para su desgracia, en la parte oriental de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, los comunistas destruyeron la nave de la iglesia, dejando solamente la torre, que era muy atractiva, y en mi opinión representa el segundo símbolo de la ciudad, tras la torre del agua. Al caer la noche regresé en tren a Hamburgo para preparar para el día siguiente otra visita, esta vez a la bellísima ciudad hanseática de Lübeck, otro Patrimonio Mundial de UNESCO.

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