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Wrocław (por Jorge Sánchez)

Desde la estación de trenes de Wrocław caminé durante unos 40 minutos hasta el Centro del Centenario. Los indígenas a los que preguntaba por la dirección de este sitio UNESCO se asustaban cuando les decía que iba a pie, y todos me aconsejaban tomar un tranvía, pero yo no les hacía caso y seguía caminando. Cuando llegué al lugar, a primera vista me gustó. Era un complejo de varios edificios sólidos, de hormigón armado, destacando uno con una gran cúpula. Por una señal informativa leí que el diámetro de esa cúpula era de 65 metros, y en sus tiempos fue la cúpula más grande del mundo. A efectos de comparación, la cúpula de la Real Basílica de San Francisco el Grande, en Madrid, que había visitado meses antes, y que se considera la más grande de España, tiene un diámetro de 33 metros. El edificio fue construido en 1913 por un arquitecto alemán (Max Berg) y se llamó del Centenario por cumplirse 100 años de la derrota de Napoleón en la Batalla de Leipzig.

Había leído en algún sitio que había que pagar una entrada para visitar ese centro, pero no fue así, pues justo ese día se podía visitar gratuitamente pues se celebraba un festival de “fitness” (forma física), llamado “Allnutrition”, donde unas chicas exhibían sus músculos. Todas eran jóvenes y guapas, pero sus brazos y piernas parecían masculinos de tantos músculos. Al acercarme a ellas noté que tenían músculos hasta en las orejas. Al acabar la exhibición se reunían con sus parejas, que les estaban esperando. Pero esas parejas no eran hombres, sino mujeres ¡eran sus novias! Esas chicas musculosas eran marimachos. El Centro del Centenario estaba lleno con centenares de personas, tal vez más de mil. Estaba la televisión local, muchos fotógrafos, y sobre todo chicos jóvenes que se entusiasmaban observando a las chicas, a las que piropeaban.

En el interior había tiendas donde te regalaban comida, y yo aceptaba todo lo que me ofrecían y rápidamente me lo guardaba en mi bolsa de viaje. También bebí varios licores, pero no tenían alcohol. Para que te regalaran galletas y bollos de nata te tenías que hacer una foto propagandística detrás de un cartón con la marca de un producto, cosa que yo hice, pues iba con poco dinero y esas galletas y bollos de nata más un pan y 200 gramos de mortadela que me compré más tarde en un supermercado, serían mi cena para esa noche. A pesar de todo ese bullicio no me distraje en demasía y yo fui a lo mío, es decir, a observar el sitio UNESCO, pues para eso había ido allí. Contemplé la cúpula por un rato, que era de hierro y cristal, más la estructura del edificio en general. Luego salí afuera y lo rodeé por completo tomando fotos desde diferentes perspectivas. En total estaría en ese complejo una hora y media, tiempo que consideré suficiente. Tras ello caminé al centro, entré en la catedral para comprar un cirio a un monaguillo, y cuando llegó la hora viajé en un autobús nocturno hacia mi próximo sitio UNESCO: Centro histórico de Praga.

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