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Zacatecas (por Jorge Sánchez)

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Ocurre a veces que uno viaja a un lugar en busca de algo determinado y acaba encontrando otra cosa que supera sus expectativas. Eso fue lo que a mí me sucedió en Zacatecas.
Iba recorriendo en transportes locales el Camino Real de Tierra Adentro, entre Taos y Santa Fe (en Estados Unidos de América) y México D. F. (en Estados Unidos Mexicanos), lo que me tomó veinte días. Tenía que “hacer trampas” y visitar tres ciudades por día, pues el Camino Real atraviesa 60 ciudades y pueblos, y yo no tenía 60 días de tiempo.
Pero en Zacatecas me quedaría un día entero.

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Una vez en esa ciudad cumplí con mis deberes como turista, es decir, entré en la catedral (donde compré un cirio), luego en otras iglesias y parroquias, en palacios varios, y hasta me dio tiempo para rendir mis respectos a la estatua del fundador de la ciudad, el vasco Juan de Tolosa
Una vez que me desembaracé de esas obligaciones y comerme varias enchiladas y quesadillas junto a una cerveza, me dediqué a indagar sobre los pasos de don Juan de Oñate en su camino hacia el Río Grande y más allá.
Pregunté en la Oficina de Turismo y me informaron que los hombres de don Juan de Oñate se alojaban en el Monasterio de Guadalupe, a media docena de kilómetros de Zacatecas.

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Enseguida abordé un autobús y me presenté ante el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Allí me atendieron con mucha cordialidad y me mostraron el interior y la placa de UNESCO.
Curiosamente esa placa indicaba el año 2010, cuando Zacatecas fue aceptada en la lista de UNESCO el año 1993. Fue cuando averigüé que ese monasterio no estaba incluido en ese Patrimonio zacateco, sino en el del Camino Real de Tierra Adentro. Los monumentos correspondientes al Patrimonio de Zacatecas ya los había visitado esa mañana, y consistían en la catedral más las iglesias y palacios donde acababa de estar.
El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe fue fundado el año 1707 por un monje franciscano de Valencia (en España), bautizado en la Iglesia de los Santos Juanes, a quien llegué a admirar. Se llamaba Antonio Margil. Una estatua sobre el jardín le representaba.
Antonio Margil había caminado descalzo miles de kilómetros, desde los actuales Estados Unidos de América hasta el actual país de Costa Rica, fundando monasterios a su paso y predicando el bien. Ayunaba con asiduidad y dormía muy poco, pues se pasaba casi toda la noche rezando.

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Antonio Margil fue capturado por indios antropófagos que realizaban sacrificios humanos, torturado y estuvo numerosas veces a punto de perder su vida durante sus viajes. Pero gracias a estar tan flaco, los indios no le hacían ni caso y no lo cocinaban, ya que apenas tendrían ni para un diente con él.
Tablones de anuncios en la puerta del monasterio de Guadalupe explicaban la historia de Zacatecas, de Guadalupe y del Camino Real de Tierra Adentro. Gracias a su lectura aprendí un poco más sobre esos lugares.
Antes de convertirse en un monasterio, el antiguo santuario daba cobijo a los viajeros que seguían el Camino Real de Tierra Adentro, de ahí que sea incluido en la lista de la UNESCO.
Regresé a Zacatecas, donde dormí en una posada céntrica, y el día siguiente reanudé mi viaje, escalando en San Luis Potosí.
Lo mejor de ese día había sido aprender sobre la vida Antonio Margil.

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